«Los Albornoz (Delicias de una familia argentina)», por Los Macocos. Dir.: J. Rama. Int.: D. Casablanca, M. Salazar, G. Wolf, M. Xicarts. Mús. orig.: Los Macocos y M. Filipo. Esc. y Vest.: M. Albertinazzi. Ilum.: G. Córdova. (Teatro de la Ribera.)
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El teatro argentino abunda en familias conflictivas, padres pusilánimes y enérgicas matronas dispuestas a todo. Ellos son los protagonistas de títulos como «Las de Barranco» de Gregorio de Laferrère, «En familia» de Florencio Sánchez, o «No hay que llorar» de Roberto Cossa, por citar sólo algunos de los más clásicos exponentes de esta tendencia que se ha ido agudizando a través del tiempo hasta adquirir ribetes de una negrura insondable.
Dentro de esta tradición bien podría inscribirse a «Los Albornoz (Delicias de una familia argentina)», el nuevo espectáculo que Los Macocos están ofreciendo -no casualmente- en el Teatro de la Ribera, un espacio destinado a obras de neto corte popular. En este caso se trata de una simpática comedia negra que toma elementos del sainete, el grotesco y la comedia televisiva.
Debut
Los Albornoz hicieron su primera aparición en «Maco-crisis» (1996, Fundación Banco Patricios), un show que reunía diversos sketchs cómicos y algunos números musicales. Pero ahora, en su remozada vuelta a la escena, las peripecias de esta familia pasaron a formar parte de una estructura dramática mucho más sólida y fluida. Incluso la presencia de Ernesto Network (transformado ahora en protagonista de un reality show) logra una mejor interacción esta vez, tanto con el público como con la ficción. Aún así, lo mejor de «Los Albornoz» siguen siendo sus personajes, empezando por la terrible Mamma Dora (a cargo de Marcelo Xicarts), una mujer violenta y mal hablada que no duda en prostituir a su nieta con tal de que no le corten el servicio de cable.
Daniel Casablanca vuelve a confirmar su enorme talento actoral con el doble rol de Carlitos -una especie de niño ejemplar, al estilo de las películas de Enrique Carreras, que dona todos sus órganos para salvar a su padre-y Noemí, la adolescente que en sólo un instante pasa de la inocencia absoluta a convertirse en eximia trabajadora sexual y más tarde, en mujer policía.
Martín Salazar compone a un divertido Ernesto Network, pero termina descuidando a sus otros personajes que, en general, presentan muy pocas diferencias entre sí. Y Gabriel Wolf ( Graciela Albornoz) maneja con precisión a esa penosa ama de casa, víctima de una madre castradora y un marido demasiado apocado. Pese a su humor negro y a las descarnadas situaciones que describe, «Los Albornoz» no deja de ser una comedia amable y hasta candorosa y, aunque sus personajes pueden resultar patéticos, están muy lejos de incomodar al espectador.
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