"Los reality aburren porque expulsan a los conflictivos"

Espectáculos

(31/10/2001) Los actores que advirtieron sobre la amenazante avalancha de reality shows no se equivocaron: la telenovela fue perdiendo terreno durante los últimos años, en gran medida fagocitada por la moda de la monotemática «televisión verdad». Pablo Alarcón define así el extraño fenómeno: «El reality show de los actores falla porque los personajes carecen de conflictos, e increíblemente los pocos conflictivos que aparecen son los que el público expulsa. Y no hay ficción sin conflictos».

Hoy la pantalla ofrece cinco telenovelas argentinas («Yago», «Provócame», «Chiquititas» (reciclado), «El sodero de mi vida» y «El 22») y la misma cantidad de reality shows («Gran hermano», «El bar», «Confianza ciega», «Popstars» y «Reality, reality»). Ya están en camino «Odisea Patagonia» y «Expedición Robinson III», y tanto «El bar» como «Gran hermano» pueden verse tres veces por día, más los debates y programas especiales.

Pero el teleteatro fue un género de peso durante gran parte de la historia de la televisión, que este mes celebró su medio siglo. Entre los programas pioneros del género se cuentan «Cuatro hombres para Eva» (1965), con Jorge Barreiro, Rodolfo Bebán, José María Langlais y Eduardo Rudy, y «Estrellita, esa pobre campesina» (1968), protagonizada por Martha González y Germán Kraus.

Ambas tuvieron sus secuelas 20 años después y la primera motivó la versión femenina, en 1966, con
Iris Lainez, Teresa Blasco, Norma Aleandro y Erica Wallner en «Cuatro mujeres para Adán». Alberto Migré, creador de clásicos como «Piel Naranja» y «Rolando Rivas, taxista», dijo a este diario: «En los ´60 no se podía salir del estudio, estábamos muy limitados y aunque en los ´70 ya existían las cámaras portátiles, se hacían unos exteriores muy pobres. En los últimos años se ve en la televisión el mismo vacío en que se fue transformando el país. Hoy los productores y los canales son los que quieren ser dueños de los teleteatros, por eso modifican la idea original del guionista. Esa fue quizá la razón por la que no volví a la TV y estoy tan cómodo haciendo radioteatros».

En la década del ´70 pasó a la historia «Papá Corazón» (1973) de Abel Santa Cruz, con el debut de la por entonces niña Andrea del Boca. También son fueron clásicos «Rolando Rivas, taxista», (1972) con Claudio García Satur y Soledad Silveyra, y «Piel naranja» (1975) con Marilina Ross, China Zorrilla y Arnaldo André.

Luisa Kuliok recuerda al actor: «Mi primer protagónico lo hice con Arnaldo André, todo un maestro y con quien aprendí mucho. Creo que fui una buena discípula suya. Con Osvaldo La-port fue al revés, él fue quien aprendió, estaba muy asustado en 'Cosecharás tu siembra'. Ya en nuestro siguiente trabajo como pareja, en 'Más allá del horizonte', nos reencontramos». Kuliok debutó en el teleteatro con «Amor Gitano» (1983) escrita por Olga Ruy López. Más tarde «Amo y señor», recordada por los cachetazos de André y escenas inusuales para la pantalla de entonces.

La actriz se convirtió en un verdadero ícono de la telenovela pero el reconocimiento internacional llegó con
«La extraña dama» (1989), donde interpretaba a una muchacha que luego de tener a su hija optaba por la carrera religiosa. Esa novela fue una de las primeras en concebirse para su comercialización en el exterior y se vendió exitosamente a Europa y América Latina.

Kuliok recuerda que el protagónico surgió de casualidad: «Cuando se ideó 'La extraña dama' la protagonista original iba a ser la venezolana Jeanette Rodríguez, por su éxito internacional. Pero llegó Omar Romay de Estados Unidos con la noticia de que Jeanette no iba a participar así que estaba desesperado por encontrar reemplazante. '¿Qué hago?' le preguntó a Alejandro Romay y él respondió muy natural: 'La ponés a Luisita'. Esa decisión me abrió las puertas del mercado internacional».

Se le dedicaron a ese ciclo nueve meses de grabación y fue estrenado en 1989 por Canal 9. Por su éxito, fue repuesta en 1991 y en 1997. Kuliok recuerda: «Sobre el final de 'La extraña dama' grabábamos en un convento jesuita a las seis de la tarde. La gente había dejado de ir porque se quedaba viendo la novela y los religiosos resolvieron que en lugar de cambiar de horario el programa, iban a cambiar la hora de la misa.Y en Uruguay tuvo mucho éxito, tanto que en un boliche gay había una noche dedicada a nuestra novela. Todos tenían que ir disfrazados de monjas».

Arturo Puig protagonizó, entre otras, «Vos y yo toda la vida» (1978) con María Valenzuela, «Barracas al Sur» (1981 y con la misma pareja) y «El Rafa» con Paola Krum. El actor se refirió al trabajo con Migré: «Era muy exigente, tomaba la letra de memoria, con puntos y comas. No era fácil porque eran capítulos de dos horas y eso que iban grabados».

Migré reconoce y justifica su obsesión por el libreto: «Yo era tan exigente porque hoy llega el actor y cambia el libro. Eso desmerece al autor que se tomó el trabajo de pensar veinte sinónimos para expresar la misma idea. Hoy, lamentablemente, no sólo hay pobreza de léxico sino que además, para hacerse los modernos, dicen malas palabras».

En 1979 se estrenó «Rosa de lejos» con Leonor Benedetto, Juan Carlos Dual y Pablo Alarcón. De la década del ´80 también son recordadas «El camionero y la dama», (1985) con Gabriela Gili y Alberto Martín; «Amándote» (1988) y «El infiel» (1985), con Arnaldo André o «María de nadie» (1985), con Grecia Colmenares. Pablo Alarcón dijo a este diario: «Creo que 'Rosa de lejos' fue un hito del género porque estaba bien escrita, producida, dirigida y actuada. Para nuestros días resultaría muy esquemática, hoy daría gracia que una mujer fuera tan obcecada como Rosa. Antes el acento estaba puesto en el antagonismo de héroes y heroínas que tenían garantizado el derecho a ser felices. El público de esos años pedía al héroe que diera la vida por amor».

A esta altura pocos estereotipos quedaron sin explotar en el género: desde el médico de Alarcón o taxista de Satur desfilaron por las telenovelas profesionales, obreros, amas de casa, mucamas y maestras. Alarcón dijo: «Yo hice muchas veces el papel de doctor y una vez un amigo me llevó con su mamá, que le tenía fobia a los médicos, para que la atendiera. Así que la mujer sólo se dejaba ver por mí. En las novelas de antes era condición ineludible la presencia de un médico o un ingeniero, ahora están el sodero o el basurero».

El descenso de la categoría social fue evidente en los últimos años con la aparición de verduleros (en «PH» por ejemplo), carniceros en «De corazón», recolectores de residuos y boxeadores en «Campeones», soderos en «El sodero de mi vida» y mecánicos en «Gasoleros». El género eligió la representación misma de los tipos populares en lugar de figuras a las que esa clase aspiraba.

Alarcón fustigó a los reality shows: «Las telenovelas de hoy son más cotidianas y todas las escenas tienen su cuota de humor. Eso responde a que cambió el verosímil de época y no a que el público esté más avispado. Con la injerencia de los reality la ficción se transformará y esa obsesión por espiar se verá de alguna manera en la novela».

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