21 de enero 2008 - 00:00

Los vaivenes de la pintura, entre ironía y homenaje

La inauguraciónde la muestra«Ve, Vete yVuelve», cuyaunidad estádada por lapintura y losvaivenes queatraviesa desdeque losvanguardistasdecretaron sumuerte.
La inauguración de la muestra «Ve, Vete y Vuelve», cuya unidad está dada por la pintura y los vaivenes que atraviesa desde que los vanguardistas decretaron su muerte.
La Alianza Francesa acaba de inaugurar la temporada 2008 en pleno mes de enero, con «Ve, Vete y Vuelve», una exhibición de pinturas y objetos de Diana Aisenberg, Mariela Scafati y Alejandra Seeber, cuyo título se refiere a los vaivenes que atraviesa la pintura, desde que los vanguardistas decretaron su muerte. Las tres artistas, obstinadas pintoras, abordan la muestra curada por Victoria Noorthoorn con ironía y sin prejuicios, con un concepto ampliado de la pintura que va desde lo conceptual hasta lo decorativo y ornamental. Las tres, con trayectorias y estilos diversos, componen una muestra cuya unidad está dada por la pintura, técnica de profundo arraigo en Argentina, país donde la densa tradición del óleo heredada de España, se consolidó con la inmigración italiana y perdura hasta nuestros días.

En la historia del arte argentino, la omnipresente pintura fue eclipsada sólo dos veces; la primera a fines de la década del 60, por un arte que parecía confundirse con la vida; la segunda a fines de los 90. En 1969 la revista «Primera Plana» publicó una portada con un caballete de pintor, que en vez de un cuadro cargaba una corona funeraria. En una esclarecedora entrevista, Romero Brest aclaraba que la muerte de la pintura debía entenderse como «metafórica», y añadía que el decretado final abarcaba también otros géneros artísticos que, al ampliarse el criterio de la creación, tendían a disolverse en lo social. El crítico auguraba que las «obras de arte», como la pintura o la escultura, iban a derivar en objetos de uso cotidiano. «De la cultura de la contemplación hemos pasado a la cultura del consumo. Los nuevos productos artísticos se llaman ropa, adornos, afiches».

La muestra de la Alianza, da debida cuenta de los cambios producidos desde los tiempos de Romero Brest: hay pinturas que salen del cuadro y se fusionan con objetos de uso cotidiano y con la arquitectura. Pero, como quiera que sea, la pintura sigue presente.

En la década del '90, otros motivos determinaron un nuevo ocaso de la pintura, que había resurgido triunfante después de su presunta muerte. En el Centro Cultural Rojas, el curador Jorge Gumier Maier impulsó un arte que si bien arrastraba un trasfondo melancólico, expresó su afán ornamental en objetos, manualidades y maquetas que desplazaron a la pintura. Para Gumier Maier, independientemente de la técnica, las manifestaciones artísticas debían ser inspiradas cosas que embellecen la vida, y con esta visión, barrió -al parecer, para siempre-, con el gesto y la pasión de la pincelada neoexpresionista.

Sin embargo, las artistas Aisenberg y -en menor medida-Seeber, muestran sin pudor algunos rasgos expresivos. Aisenberg pinta una constelación femenina en el cuadro «Niña Ideal», unas niñas identificables por sus nombres («Sophie» es Sophie Calle, « Susan» es Susan Sontag, y les siguen Kiki Smith, Clarice Lispector, Silvina Ocampo, Sor Juana Inés de la Cruz, Alejandra Pizarnik, Flavia da Rin, Elba Bairon y Laurie Anderson, entre otras). El sólo hecho de representar estas artistas e intelectuales como niñas, le brinda un carácter extrañamente íntimo y afectivo a la obra.

Por otra parte, Aisenberg presenta una serie de baldosas pintadas y quebradas en pedazos, que pueden verse como las ruinas de la pintura. La metáfora funciona: aún rota y en proceso de desintegración, la pintura ostenta su belleza inmutable.

El «arte mural» domina la muestra en varios sentidos. Para comenzar, la presencia de la curadora no pasa inadvertida, pintó todas las paredes de la sala de la Alianza con colores almodovarianos que enmarcan las obras.

Luego, sobre esta colorida superficie, Seeber y Scafati superponen sus propios «murales». Seeber interviene el espacio y pinta una puerta falsa, aunque significativa y reveladora en términos pictóricos, ya que subraya que la pintura «falsea» la realidad. Además, presenta un wallpaper donde ironiza el tema de la firma del artista. Por otra parte, con rigor conceptual pinta un mismo rostro en el momento que articula un grito, y lo reitera en una serie de pequeñas telas de variados tamaños que coloca sobre el piso en escala ascendente. «Así cuestiona el valor del mercado de una obra, y la 'gran escala' de las obras que la rodean por doquier», afirma la curadora, que se formó en Nueva York, donde reside Seeber y se pintan obras realmente inmensas. *Desafío

Scafati presenta la instalación «Pasos Dorados», que desafía los atrevidos colores del montaje y llama de inmediato la atención. Se trata de tres paredes íntegramente empapeladas con un wallpaper impreso con la técnica de la serigrafía manual, que reproduce a espacios equidistantes un dibujo de la artista, un personaje alado que se recorta sobre el fondo azul. El aspecto decorativo del art déco y su poderoso efecto ornamental, se acentúa con el esplendor del dorado y unos platos de cerámica montados sobre la pared y pintados también por Scafati.

Si la instalación lleva a evocar el art déco, las pinturas de esta artista (que nacida en 1973, es la más joven de las tres) suscitan recuerdos de otras obras arte, y denotan la sensibilidad y madurez de quien se mueve con comodidad por la historia para construir algo propio. Sobre la intensa obra «Scafati, un cuadro», que enfrenta su instalación en el espacio de exposición y también en el estilo, su autora señala: «es una pintura que quiero mucho». Pero en una entrevista del sitio de Internet «Bola de Nieve» (http:// www.boladenieve.org.ar), se explaya al describir el cuadro, y agrega: «Es un compacto de muchas pinturas, un extremo en relación a las pequeñas pinturas que venía realizando durante 2004 y 2005, que hace referencia a un recurso auxiliar de pintor, el de agregarle más tela a una pintura para poder tensarla en un bastidor. Creo que este tipo de acciones empecinadas y amorosas son las que me impulsan a pintar. Quise escribir mi nombre con diferentes tipografías, verlo repetido, espejado, completo, fraccionado (la ilusión que el cuadro sigue en otro lado). Cada vez que veo este cuadro se me cruzan Jitrik, Garófalo, Jacoby y mi viaje a Africa».

Scafati creó en 2002, junto a Magdalena Jitrik y Diego Posadas, el Taller Popular de Serigrafía (TPS), cuyas imágenes fueron impresas en más de 50 acciones de protesta y se expusieron en Bombay, Kassel, San Diego, la Bienal de San Pablo y la de Moscú. Esta obra de fuerte tono político, es simultánea a las pinturas abstractas que presentó en las sucesivas muestras de Belleza y Felicidad, enclave crucial para los ideólogos del arte por el arte. Es decir, Scafati ha oscilado hasta hoy entre el arte con contenido político y el arte puro.

  • Fundamentos

    Vale la pena destacar que en un país donde no existe un lugar de aprendizaje para ser artista, Aisenberg, junto a Tulio de Sagastizábal, Marina De Caro, Fabián Burgos y Pablo Siquier, llevan adelante una importante labor docente en el páramo que generan las escuelas de arte. Dato que le brinda un valor especial a sus palabras, cuando al resumir el concepto de la exposición, dice: «Buscamos motivos para continuar pintando». Lo cierto es que en esta muestra de la Alianza, razones que justifiquen y fundamenten la permanencia en el tiempo de la pintura, son las que sobran. Estas tres artistas, como muchos otros de nuestro país, entre las innumerables formas que hoy adquiere el arte, eligieron la vieja y noble pintura, y con los pesados escombros del pasado, construyen nuevos cimentos para volver a fundarla.
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