7 de julio 2005 - 00:00

"Madagascar"

Melman, Marty, Alex y Gloria: el cuarteto de «Madagascar», nueva producción de animacióncomputarizada de los estudios Dreamworks.
Melman, Marty, Alex y Gloria: el cuarteto de «Madagascar», nueva producción de animación computarizada de los estudios Dreamworks.
«Madagascar» (id., EE.UU., 2005; habl. en inglés y dobl. al mexicano).Dir.: E. Darnell y T. McGrath. G.: M. Burton y B. Frolick. Voces (en la versión subtitulada): B. Stiller, D. Schwimmer, C. Rock.

Los films de animación computarizada de la «Dreamworks», como «Shrek», tuvieron siempre la virtud de reunir públicos: los chicos los disfrutan aunque no entiendan demasiado el argumento, y los mayores se divierten gracias a sus múltiples parodias y su humor contemporáneo. « Madagascar» cumple sólo con la primera de las misiones, ya que su inventiva y su gracia tienen menos inspiración.

Los protagonistas, que indudablemente gozarán de la adhesión de los chicos, son el león Alex, la cebra Marty, la hipopótama Gloria, la jirafa Melman, y un grupo de pingüinos « psicóticos» cuya definición como tales produce el mayor rasgo de humor, sólo en la Argentina, y obviamente de manera involuntaria a las intenciones de sus autores.

Técnicamente, el film tampoco llega a alcanzar los óptimos estándares de «Shrek». El equipo parece haber puesto todos los esfuerzos en que la cabellera del león se moviera al viento de manera verosímil, pero en general las terminaciones de los personajes carecen de aquella chispeante perfección. Son muy buenos, por el contrario, los fondos estáticos, con notables reproducciones de Nueva York (desde estaciones de subte a Times Square y sus habituales hileras de público ante las boleterías de los espectáculos a mitad de precio). En su aspecto de comedia, «Madagascar» reconoce una primera parte mucho más brillante que su resolución, más bien convencional y sin demasiadas sorpresas. Ese punto de partida son las actuaciones de los animales en el pequeño zoológico del Central Park, en donde, naturalmente, el léon Alex es la estrella. Tanto lo es, que cuando descubre que el resto de los animales quiere huir (motivados por una iniciativa de los pingüinos, que excavan la tierra con la intención de llegar a la Antártida), se desespera. No es para menos: llegó a ser astro en el corazón de Manhattan, se alimenta como un rey con bifes de primera, lo aplauden... ¿volver a su tierra? ¡Ni loco! (Alex es el menos hipócrita de los personajes).

Divertidas son las escenas de la fuga de la cebra, la persecución de sus compañeros hasta la Grand Central Station (uno está esperando la escena del cochecito como en «Los intocables/ Potemkim», pero no...), los choques con la policía y una desopilante viejita; en fin, toda la parte neoyorquina de la película.

Pero queda la otra, larga segunda mitad, cuando atrapados en un barco terminan en Madagascar. después de que los pingüinos los desvían de su ruta a Kenya. Allí, la película parece cambiar de manos. El ámbito selvático, pese a los esfuerzos puestos en la creación de un divertimento musical y de comedia, con el añadido de lémures, no remonta en inspiración, y el interés de los mayores se va hundiendo más en consecuencia. Un film mucho más indicado para chicos, evidentemente.

M.Z.

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