1 de agosto 2002 - 00:00

Martín Fierro 2002: Los hermanos sean desunidos

Claudio Morgado y Fabián Gianola, recibieron el premio por TVR
Claudio Morgado y Fabián Gianola, recibieron el premio por TVR
E l postre que comieron los invitados a la ceremonia de los Martín Fierro incluía una leyenda de chocolate obvia: «Los hermanos sean unidos», que remitía más al entramado de relaciones de amor-odio entre los presentes (y ausentes), que a la gauchesca de José Hernández. Ya lo había anticipado al abrir el acto el presidente de Aptra, Francisco Loiácono, que se refirió a la biblia gauchesca como si se tratara de un libro de autoayuda para los momentos difíciles.

De los que no se hablan entre sí hubo varias ausencias, con lo que se ahorraron miradas esquivas Adrián Suar y Mario Pergolini (ausentes y enemigos declarados de las distinciones) hacia Marcelo Tinelli, quien llegó tarde y pese al resfrío posó para las fotos y se paseó por el besamos del salón.

Tampoco tuvo que exagerar su incomodidad Jorge Lanata (ausente con la excusa de tener que hacer su programa «Detrás de las noticias», que termina a las 22 y podría haber ido después) frente a Daniel Hadad, que no concurrió para evitarse el mal trago de que alguien le saliera con consignas anti-Radio 10 como el año pasado, y ahora anti-Canal 9. Sus allegados decían que estaba muy ocupado con su flamante emisora. El que sí asistió fue Marcelo Zlotogwiazda, pero se quedó con las manos vacías en radio y televisión.

No se hizo ver Jorge Rial, flamante gerente artístico de América y enemigo de Aptra desde que anticipó un Martín Fierro de oro, y se ahorró así roces con los socios de la entidad. Se comentaba que este año los miembros de Aptra estaban menos tradicionalistas que otros años: premiaron a «Televisión Registrada», con marcada crítica a la «institución»; rompieron la tradición de «Telenoche» y distinguieron a «América Noticias» en la categoría noticiero mientras desplazaron a «Telenoche Investiga» que perdió frente a «Puntodoc/2».

Sin embargo, en el broche final volvieron a comulgar con «Canal 13» y Adrián Suar y premiaron a «Culpables». Durante el día había circulado el rumor de que el oro sería para «Televisión Registrada»; su productor, Diego Gvirtz juraba y perjuraba que no había hecho lobby de ningún tipo. Otra señal de la credibilidad devaluada de los premios.

«Los hermanos sean unidos» escrito en el chocolate parecía, entonces, más una ilusión que una realidad: no asomaron ni Alfredo Casero ni su hijo, Nazareno Casero, ambos nominados en importantes categorías y contagiados por el odio al premio. Al menos no hubo que mandar emisarios a retirar esas estatuillas (perdieron los dos) como sí ocurrió en los casos de Andrea Del Boca, Nicolás Repetto o Dady Brieva, entre otros. Estos últimos fueron, curiosamente, parte del plantel de Canal 13 que no se presentó en el Sheraton.

Pero lo más grosero fue cuando anunciaron el Martín Fierro de oro para
«Culpables» y sólo subieron a recibirlo Diego Peretti y Gabriela Toscano, además del equipo de producción y el libretista, Juan José Campanella como representantes de un importante elenco ausente (Alfredo Casero, Fernán Mirás, Mercedes Morán, Soledad Villamil y Susú Pecoraro).

El oro no tuvo el brillo ni la euforia de otros años. El triunfo de
«Culpables» no fue ni remotamente comparable a la excitación del equipo de Marcelo Tinelli o Carlos Avila cuando ganaron en su oportunidad el «gaucho» dorado. La ceremonia de anteanoche no se caracterizó ni por fraternal ni por festiva.

Varios invitados comentaban que este no era un año para grandes cenas ni prolegómenos sino más bien para demostrar austeridad.
«Podrían haber hecho la entrega en un teatro, de modo expeditivo, dos horitas y listo. Estas fiestas aburren ahora no sólo al televidente sino a nosotros, es más, el público, que lo mira en pijama desde su casa, está mejor que nosotros». Lo anterior no vino de boca de un perdedor resentido sino de una locutora que posteriormente ganó en una categoría radial.

En la línea de la familiaridad se destacaron
Mirtha Legrand con Marcela Tinayre. Las ubicaron estretégicamente en una mesa de «intimos» integrada por Carlos Rottemberg, Thelma Biral y Juan Carlos Calabró, entre otros. Se rodearon de un círculo de contención para protegerse de extraños y prensa. Mirtha dijo a este diario que podría volver a la televisión antes de fin de año y no descartó que fuera por «Canal 9».

Otra que no derrochó simpatía y se resguardó con su marido
Jorge «Corcho» Rodríguez fue la renovada Susana Giménez. Aunque posó para revistas, prefirió el bajo perfil durante la fiesta pero no se privó de sacarse fotos junto a Marcelo Tinelli. Integraban una dupla que sonreía ante cámaras ignorando viejas disputas por el protagonismo en Telefé. Y si de parecer amigos se trata, Claudio Villarruel, gerente artístico de Telefé, se acercaba cuando
podía a la mesa de
Tinelli, buscando un lugarcito.

Pero no todos se odian, hubo varios que parecían enamorados y otros que se profesaban estima. La pareja feliz de
Nancy Duplaá y Pablo Echarri parecía tan ebria que se notaba de lejos el esfuerzo que hacía para caminar con elegancia. No se soltaron ni para ir al baño. Mientras posaban para las revistas de actualidad, Echarri no vacilaba en balbucerle «te amo» y en meterle la mano por el escote (de la espalda).

Otra que bebió de más y no se esforzó en disimular fue
Leticia Bredice, con un look de camisa abotonada hasta el cuello pero sin corpiño, como para causar algo de revuelo ante la falta de escote. Cuando pasó a retirar su premio (mejor actriz de novela), revoleando su larga pollera, dijo que no podía nombrar a sus muchos amores pero a la que sí mencionó reiteradamente fue a «Nanchu» (Nancy Duplaá). A ambas las une una fuerte amistad, como la de Bredice con Dolores Fonzi. Salieron del salón del brazo, con el mismo atuendo de transparencias.

También se la vio entusiasmada con la fiesta a
Julieta Prandi (la bebota de Francella) que antes de entrar habló con todos los noteros que quisieran entrevistarla pero cuando se retiró del Sheraton, con las manos vacías, no asumía la derrota. «Decime que no hay prensa, por favor» le lloriqueaba a una amiga con quien salía.

Pero si en el Salón Libertador el clima no era el óptimo y la alegría se exacerbaba en parte gracias al alcohol, quien asomara las narices fuera del Sheraton vería primero a los manifestantes de asambleas barriales que caceroleaban en contra de
Daniel Hadad y «Telenoche» y luego a los curiosos y los cartoneros que asomaban a las puertas vidriadas y fuertemente custodiadas del hotel. Ellos, los cartoneros, fueron protagonistas de varias dedicatorias de premios: primero fue Román Lejtman, luego imitado por varios.

Curiosamente también la producción de
«Mitre informa primero» les dedicó el premio, quizás ignorando que horas antes los manifestantes despotricaban contra «Telenoche».

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