14 de mayo 2004 - 00:00
"Me esforcé para que no me saliera una Catita"
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Para Marita Ballesteros, la obra que Juan Carlos Ghiano estrenó en1959, "es dificilísima porque entrecruza el sainete y la tragicomedia, y sus personajes son como sobreactuados, pero a la vez tienen que vivir su drama".
Periodista: ¿Qué le atrajo de «Narcisa Garay»?.
Marita Ballesteros: Es una obra sencilla y simpática, que habla de una manera muy juguetona de esa costumbre que tenemos de poner afuera aquello que nos falta. En el caso de mi personaje, ella no concibe la vida sin un hombre a su lado. Es como si perdiera identidad. A los seres humanos nos cuesta mucho estar satisfechos con lo que tenemos o con lo que somos, por eso en este inquilinato todos están pendientes del que dirán y de lo que hacen sus vecinos.
P.: Cuando la estrenó, en 1959), el autor comparó a Narcisa con Madame Bovary.
P.: ¿Su personaje no tiene algo de la Catita de Niní Marshall?
M.B.: Este es un género dificilísimo, porque cruza el sainete y la tragicomedia y sus personajes son como sobreactuados pero a la vez tienen que vivir su drama. Son como los personajes que hacía Niní Marshall que aunque tenían mucho de caricatura resultaban auténticos.Yo adoro a Niní y traté de no ver ninguna de sus películas para que no se me pegara Catita. Mi personaje no habla tan mal, como ella, ni se come las eses. Narcisa es una mujer simple pero muy pretenciosa y su destino trágico tiene que ver en realidad con un error de cálculo. Cuando ella se pone la soga al cuello piensa que ésta se va a romper y que un hombre desconocido la va a tomar en sus brazos.
P.: ¿Es cierto que usted decidió ser actriz después de haber ganado el concurso «Mujer Maravilla»?
M.B.: Sí, fue en el año '78 y gracias a eso descubrí el teatro. En esa época yo trabajaba en Austral de aeroparque y era una gran admiradora de los artistas de televisión, pero no tenía muy claro lo que quería. Un día, estaba en la peluquería y me toman una foto para el concurso Mujer Maravilla que organizaba la revista Radiolandia 2000 y lo gané. Fue algo muy cómico porque todas las chicas que concursaban tenían 17 años y yo 28. Y así fue que viajé a Los Angeles con mi mamá y un fotógrafo para encontrarme con la verdadera Mujer Maravilla que no estaba en ese momento. Pero nos recibió su coprotagonista, un hombre buenmocísimo y muy amable que ni siquiera sabía dónde quedaba la Argentina. Para colmo yo había engordado todos los kilos demás que tenía antes de entrar al concurso. En el viaje empecé a comer como loca y cuando el fotógrafo de la revista me fue a tomar las fotos, el traje ya no me cerraba. ¡Yo era la antidiva! y encima vuelvo a Buenos Aires y tengo que participar de un desfile, organizado por Ante Garmaz que era miembro del jurado, con Teté Coustarot y las modelos top de la época. Yo era una gordita a la que no le gustaba nada la ropa y tenía un pésimo manejo del cuerpo, pero igual tuve que desfilar. Cuando me dijeron que además tenía que filmar una película, creo que de Porcel, no quise saber nada. Así que finalmente me contrataron para una obra de teatro infantil.
P.: Y ahí descubrió su vocación actoral.




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