14 de mayo 2004 - 00:00

"Me esforcé para que no me saliera una Catita"

Para Marita Ballesteros, la obra que Juan Carlos Ghiano estrenó en1959, es dificilísima porque entrecruza el sainete y la tragicomedia, y sus personajes son como sobreactuados, pero a la vez tienen que vivir su drama.
Para Marita Ballesteros, la obra que Juan Carlos Ghiano estrenó en1959, "es dificilísima porque entrecruza el sainete y la tragicomedia, y sus personajes son como sobreactuados, pero a la vez tienen que vivir su drama".
A punto de volver a la televisión en un unitario que se verá por «Canal 7», Marita Ballesteros encabeza el elenco de «Narcisa Garay, mujer para llorar», de Juan Carlos Ghiano, que se acaba de estrenar en el Teatro de La Ribera con dirección de Roberto Castro. La actriz se muestra entusiasmada con su regreso televisivo (en la comedia titulada «Los de la esquina», y junto a Rodolfo Ranni, Georgina Barbarrosa, Emilio Disi y Víctor Laplace), Ballesteros explica que «En los últimos siete años me dediqué casi exclusivamente al teatro». De las piezas que interpretó, la mayoría fueron dirigidas por Roberto Villanueva: «El hechizo de la luna», «Amanda y Eduardo» y «Las variaciones Goldberg».

Periodista:
¿Qué le atrajo de «Narcisa Garay»?.

Marita Ballesteros: Es una obra sencilla y simpática, que habla de una manera muy juguetona de esa costumbre que tenemos de poner afuera aquello que nos falta. En el caso de mi personaje, ella no concibe la vida sin un hombre a su lado. Es como si perdiera identidad. A los seres humanos nos cuesta mucho estar satisfechos con lo que tenemos o con lo que somos, por eso en este inquilinato todos están pendientes del que dirán y de lo que hacen sus vecinos.


P.:
Cuando la estrenó, en 1959), el autor comparó a Narcisa con Madame Bovary.

M.B.: Narcisa es la única que no paga alquiler porque anda con el dueño, a quien sólo ve los domingos. Ella es una mujer quebrada, carente de afectos y de recursos, que sueña con historias melodramáticas y se imagina a sí misma como heroína de un radiotetro. Además es la única que se anima a transgredir las normas sexuales, porque a los 22 días de haber enviudado ya necesita otro hombre. Ella pone la nota de color en un mundo donde todo es puro trabajo, aburrimiento y rutina. Las mujeres la admiran cuando ella sufre, pero la critican y desprecian cuando se divierte.

P.:
¿Su personaje no tiene algo de la Catita de Niní Marshall?

M.B.: Este es un género dificilísimo, porque cruza el sainete y la tragicomedia y sus personajes son como sobreactuados pero a la vez tienen que vivir su drama. Son como los personajes que hacía Niní Marshall que aunque tenían mucho de caricatura resultaban auténticos.Yo adoro a Niní y traté de no ver ninguna de sus películas para que no se me pegara Catita. Mi personaje no habla tan mal, como ella, ni se come las eses. Narcisa es una mujer simple pero muy pretenciosa y su destino trágico tiene que ver en realidad con un error de cálculo. Cuando ella se pone la soga al cuello piensa que ésta se va a romper y que un hombre desconocido la va a tomar en sus brazos.


P.:
¿Es cierto que usted decidió ser actriz después de haber ganado el concurso «Mujer Maravilla»?

M.B.: Sí, fue en el año '78 y gracias a eso descubrí el teatro. En esa época yo trabajaba en Austral de aeroparque y era una gran admiradora de los artistas de televisión, pero no tenía muy claro lo que quería. Un día, estaba en la peluquería y me toman una foto para el concurso Mujer Maravilla que organizaba la revista Radiolandia 2000 y lo gané. Fue algo muy cómico porque todas las chicas que concursaban tenían 17 años y yo 28. Y así fue que viajé a Los Angeles con mi mamá y un fotógrafo para encontrarme con la verdadera Mujer Maravilla que no estaba en ese momento. Pero nos recibió su coprotagonista, un hombre buenmocísimo y muy amable que ni siquiera sabía dónde quedaba la Argentina. Para colmo yo había engordado todos los kilos demás que tenía antes de entrar al concurso. En el viaje empecé a comer como loca y cuando el fotógrafo de la revista me fue a tomar las fotos, el traje ya no me cerraba. ¡Yo era la antidiva! y encima vuelvo a Buenos Aires y tengo que participar de un desfile, organizado por Ante Garmaz que era miembro del jurado, con Teté Coustarot y las modelos top de la época. Yo era una gordita a la que no le gustaba nada la ropa y tenía un pésimo manejo del cuerpo, pero igual tuve que desfilar. Cuando me dijeron que además tenía que filmar una película, creo que de Porcel, no quise saber nada. Así que finalmente me contrataron para una obra de teatro infantil.


P.:
Y ahí descubrió su vocación actoral.

M.B.: Sí, fue toda una revelación. Al año siguiente me puse a estudiar teatro y desde entonces no paré. Cuanto más aprendía de actuación más deslumbramientome producía lo que iba descubriendo. Este no es un trabajo fácil hay que ser perseverante y estudioso, pero el teatro también me ha servido para deshacer todos mis miedos. Siempre hay posibilidades de hacer lo que uno quiere. Si querés estudiar teatro a los 60 no lo dudes, empezá. Lo que pasó ya pasó, siempre somos eso nuevo que todavía está por hacerse.

Entrevista de Patricia Espinosa

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