6 de septiembre 2005 - 00:00

Mejoró ayer el nivel en festival veneciano

Anthony Hopkins, ayer en Venecia.
Anthony Hopkins, ayer en Venecia.
Venecia (ANSA y EFE) - Mejoró ayer el nivel en un festival con pocas sorpresas. La jornada se inició con un pequeño incidente: Gwyneth Paltrow se disculpó telefónicamente por su ausencia en la conferencia de prensa de su film «Proof» («La prueba»), en concurso. Paltrow dijo que sufrió problemas con el avión que la transportaba a Italia, vuelo al que calificó de «horrendo».

La actriz volvió a trabajar para el director John Madden después de «Shakespeare apasionado», premiado con una lluvia de Oscar. En «La prueba», una exitosa pieza teatral que en Buenos Aires se estrenó en el Multiteatro, con Gabriela Toscano, Osvaldo Santoro, Carola Reyna y Pablo Rago, Paltrow es Catherine, hija de un gran matemático loco (Anthony Hopkins) al que cuida durante cinco años, y de quien teme haber heredado la locura. También lo piensa su hermana (una espléndida Hope Davis) que planea llevársela consigo a Nueva York para que visite a un especialista, y un alumno del padre ( Jake Gyllenhaal, segunda aparición en Venecia después del cowboy homosexual de «Brokeback Mountain» de Ang Lee), que está en la casa para consultar los escritos póstumos del profesor y no le cree cuando ella sostiene que escribió una brillante solución matemática.

El film explora el tema de la desconfianza, que destruye las relaciones personales, abriendo la pieza original de Auburn a conflictos familiares y jugando con los tiempos narrativos de una manera original, que sorprende al espectador y realza una película que pudo de otro modo hundirse en el tradicionalismo. Excelente e intenso el reparto de actores, con un gran Anthony Hopkins que por fin encuentra un personaje secundario digno de su talento, y Gyllenhaal que se proyecta como uno de los mejores actores jóvenes de Hollywood, seguro candidato al Oscar con este film y «Brokeback Mountain».

También se proyectó ayer «Gabrielle», de Patrice Chéreau, que inspirado en un cuento de Joseph Conrad narra la desintegración de una pareja burguesa. Chéreau, con primeros planos que exploran la psicología de los personajes, revela cada detalle de sus reacciones expresadas a un máximo nivel de tensión por Isabelle Huppert y Pascal Greggory.

El director de «Gabrielle» es uno de los maestros del teatro europeo de la segunda mitad del Siglo XX, y en sus ya numerosas incursiones en cine nunca olvidó el amor por la escena y los actores. En los apretados noventa minutos del filme asistimos al drama de una mujer, Gabrielle, que por puro instinto de libertad e independencia decide dejar a su marido y una casa burguesa, considerada una prisión provista de lujos.

Pero a las tres horas de dejarle una carta de despedida por ignotas razones vuelve al hogar y enfrenta a su marido, reprochándole su falta de amor. Chéreau maneja este melodrama con mano maestra, jugando con primeros planos, blanco y negro y color, leves desenfoques de la cámara y primerísimos planos. También lo hace con carteles explicativos, a la manera del cine mudo, que con enormes caracteresque ocupan toda la pantalla suenan como pistoletazos que resumen la extrema violencia del enfrentamiento entre un marido que encerró en una «tumba» de oro a su esposa y una mujer que desea liberarse de él.

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