3 de febrero 2002 - 00:00

"Memento" desafía las reglas del cine policial

Muchos años atrás, Pepe Biondi hacía este chiste inocente en uno de sus programas: «El otro día fui a ver una película policial a un cine en continuado pero llegué por la mitad. Así que primero supe quién era el asesino pero me tuve que quedar a la función siguiente para saber quién era el muerto».

El viejo chiste de Biondi tiene una actualización sorprendente en una de las películas más originales que, según la crítica norteamericana, se haya visto en mucho tiempo. Se trata de «Memento», de Christopher Nolan, cuyo guión tiene todas las chances de quedarse con el próximo Oscar de Hollywood.

«Memento»
, que se estrena este jueves en el país, representa un auténtico desafío para el espectador. Es tanta la atención que exige que no es una película para ir a ver distraídamente. Algunos críticos norteamericanos, inclusive, confesaron que debieron verla más de una vez para comprenderla cabalmente.

Interpretada en sus papeles centrales por Guy Pierce («Los Angeles al desnudo»), Carrie Ann Moss («The Matrix») y Joe Pantoliano, la historia del film se abre con la visión de una foto polaroid que se va esfumando; luego, la de una bala que retrocede y se inserta en el cargador de un revólver, y de inmediato un plano sobre la cabeza destrozada de la víctima, que va sanando. Se trata, desde luego, de un asesinato contado al revés. El espectador ya sabe quién es el muerto y quién el asesino.

Lo que empezará a descubrir de inmediato, además, es que esa escena no es un simple prólogo en «flashback», como el de algunas películas policiales, sino que toda la historia le será narrada en sentido inverso, a través de secuencias de aproximadamente 10 minutos, separadas por intermedios, en blanco y negro, donde avanza en orden cronológico.

El protagonista, que busca vengar el asesinato de su esposa, posee además una característica que torna más endiablada y desafiante la trama: padece una enfermedad conocida como «pérdida de memoria del corto plazo», producto de un episodio conmocionante en su vida, y todo su proceder se apoya en apuntes, fotos, escritos en su cuerpo, a los fines de no olvidar ninguno de los pasos que se ha propuesto dar.

Christopher Nolan
, el director del film, tiene sólo 32 años y «Memento» es su segunda película. Tras su estreno, que le representó un inusitado éxito en el circuito de cine arte (en promedio por sala, hasta tuvo más espectadores que «Pearl Harbor»), la industria lo capturó de inmediato para ofrecerle presupuestos enormes y estrellas a su disposición. Su próxima película, «Insomnia» (remake de un policial noruego de 1997), estará protagonizada por Al Pacino.

El guión de «Memento» parte de un cuento breve publicado por Jonathan Nolan, hermano del director. Ambos cuentan que concibieron la posibilidad de una película de esta naturaleza durante un largo viaje que hicieron en auto de una costa a la otra de los Estados Unidos. El escaso presupuesto con el que contaron para la realización y la falta de implicación de productoras majors les permitieron trabajar con una libertad poco frecuente en el cine americano, que evidentemente, en este caso, tuvo sus frutos.

Las críticas y foros de discusiones en Internet sobre la película (su sitio oficial, irónicamente, se llama otnemem.com, es decir, el nombre del film al revés) han aludido a algunos antecedentes de este método, tanto en cine como en teatro, aunque en ningún caso se encontró un ejemplo similar.

Está, por ejemplo, una obra de
Harold Pinter llamada «Betrayal» («Traición»), que relata la historia de un divorcio desde el momento en que se produce hasta que la pareja se conoce, pero que no tiene ningún punto en común con la forma en que avanza la historia en «Memento». También existe una obra de J. B. Priestley, «El tiempo y los Conway», que tiene su tercer acto en el lugar del segundo pero que, como escribió Borges, «su invención no va más allá de esa mera traspolación».

La intención de
«Memento», dijeron sus realizadores, fue establecer un desafío con los conceptos tradicionales de intriga, suspenso y certezas, relativizando las ideas del bien y del mal y de lo verdadero y lo falso. Además, claro, de burlar la convicción de que en todo policial lo más importante sea siempre conocer la identidad del asesino en lugar de los móviles y los procedimientos de una enorme trampa que envuelve a víctima, victimarios y espectadores.

Dejá tu comentario

Te puede interesar