¡Música, maestra!": Lucía Zicos mañana en concierto en el CCK

Espectáculos

Compuesto por obras de compositoras contemporáneas, la directora buscó equilibrar géneros musicales, y siempre de "fácil escucha".

Mañana a las 20, en el Auditorio Nacional-CCK, la Camerata Argentina de Mujeres interpretará el “Concierto en conmemoración del Mes de la Mujer”, con dirección orquestal de Lucía Zicos, y Natalia González Figueroa como solista en piano. El programa incluirá obras de siete compositoras argentinas: “Dubicel”, de Micaela Carballo, “Zamba y Misterio”, de Noelia Escalzo, “Arcos en abstracto”, de Nelly Beatriz Gómez, “Alma de tango (Sonatina contemporánea para orquesta de cuerdas)”, de Adriana Figueroa Mañas, “Adagio para orquesta de cuerdas”, de Agostina Fischy, “Clouds - Concierto para piano y orquesta, de Lucía Caruso, y “Concierto en blanco y negro”, de Claudia Montero.

Doctora en música y docente en la UCA, Zicos, pese a su juventud, cuenta ya con una sólida trayectoria nacional e internacional. Dirigió en Inglaterra “Eugene Onegin”, de Tchaikovsky, y “Le nozze di Figaro” de Mozart al frente de la Dartington Festival Orchestra. En la Ópera de Sofia, Bulgaria, hizo “La Bohème” de Puccini, “Così fan tutte” de Mozart y “Aida” de Verdi.

Localmente, dirigió una docena de títulos en la ópera de San Juan, concertó en 2010 “Loreley”, de Catalani, en el Teatro Avenida, con la recordada soprano Adelaida Negri, y en el Teatro Colón participó en el Ciclo Intérpretes Argentinos. Realizó la dirección musical del disco “Ausencias”, ganador de un Latin Grammy 2014, y del disco “Mágica y Misteriosa”, que fue Mejor álbum de música clásica en los Latin Grammy 2018, ambos con música de la compositora argentina Claudia Montero. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Sobre qué criterios armó el repertorio de este concierto?

Lucía Zicos: Según la consigna de las autoridades del CCK, en homenaje a la fecha que se celebra, debían ser todas compositoras argentinas contemporáneas. Pero yo quise sumar otro criterio: elegí obras que, si bien magníficas, no se identificaran con esa categoría de “obra contemporánea, no melódica, para público de oído muy entrenado”. Nada de eso. Son obras que provienen de lenguajes distintos, a veces contrastantes, pero de fácil escucha. Incorporé la banda sonora de un cortometraje, “Dubicel”; variaciones sobre tango, como la obra de Figueroa Mañas, o la mixtura de géneros populares “Zamba y misterio”, de título tan piazzolliano. Lo más cercano a una obra de sonoridades más disonantes es “Arcos en abstracto”.

P.: Según su experiencia internacional, ¿en todas partes el público es tan resistente a esa sonoridad contemporánea?

L.Z.: No. En otros países se incluyen más esas obras, pero tal vez desde lugares diferentes, con criterios bien estudiados de programación. El público así lo acepta, no siente que es el impuesto al compositor contemporáneo en un programa de Mozart y Beethoven. Muchas veces, acá, también pesa la falta de decisión, el no querer aventurarse a los lenguajes de vanguardia. Suele haber preconceptos.

P.: ¿Son muchos los compositores cuya obra no obtiene difusión?

L.Z.: Muchos, y valiosos. Y atención, que acá la falta de difusión no distingue géneros: hay mucha obra de mujeres y de varones que no llega a conocerse. En este sentido, yo quiero destacar la labor de una orquesta a la que suelo dirigir, la Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, que suele encargar obra a compositores argentinos jóvenes que no tienen detrás una discográfica. Con la Filiberto he estrenado muchas composiciones argentinas, y algunas de ellas forman parte del programa de mañana.

P.: ¿La Camerata de Mujeres que dirigirá también tiene trayectoria?

L.Z.: No, no. Es una formación ad hoc para el concierto en el CCK. Ojalá tenga continuidad.

P.: He visto que su tema de tesis doctoral es fascinante, “Las tradiciones interpretativas en ‘Il Trovatore’ de Verdi”. ¿Eso tiene que ver con los cambios que los divos le han impuesto a la partitura original?

L.Z.: Exacto. Yo hice antes un seminario con el maestro Riccardo Muti sobre ese tema. En el año 2000, él estrenó en el teatro Alla Scala la versión “histórica”, original de esa ópera, y como quizás era previsible el público no reaccionó del todo bien porque está acostumbrado a las piruetas vocales que hizo algún tenor, en la época que eso se permitía, y que quedaron en la tradición.

P.: Sí, Toscanini también se había enfrentado a esos divos para restaurar lo indicado por el compositor en la partitura.

L.Z.: Antiguamente se hacían cosas hoy inconcebibles, y el compositor debía tolerarlo porque las estrellas eran los cantantes. Estaba, por ejemplo, lo que Rossini llamó “aria de baúl”, que era el aria favorita de un cantante cuya partitura llevaba en el baúl del carruaje con el que llegaba el teatro. Entonces, supongamos, en medio de “El barbero de Sevilla”, cantaba esa aria que no sólo no era de esa ópera, sino que hasta podía ser de otro compositor.

P.: ¿Como fue su debut en la dirección orquestal de ópera?

L.Z.: Completamente imprevisto. Yo estaba en la República Checa, en un festival de verano, como asistente de un director de orquesta. Y, unos días antes del estreno de la ópera en la que estábamos trabajando, este director se enfermó. “Dirigís vos”, me dijeron, de modo que tuve que ensayar en unos días y salir al frente de batalla. Quizás sea la mejor forma de vencer el miedo.

P.: Por último, la pregunta que le deben haber hecho tantas veces... ¿El público sigue resistiendo, como antes, una directora de orquesta? La pianista, la violinista, la arpista siempre fueron celebradas. Pero ver una mujer con batuta, en el podio, producía ciertos sentimientos confusos, sobre todo en cierto sector del público masculino que no me hace falta describirle.

L.Z.: ¡Ah, sí, sí! Pero ya no, o al menos cada vez menos. Los públicos van renovándose. Y cada vez somos más las directoras de orquesta, algo que advierto en mi cátedra: son más las alumnas que los alumnos.

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