28 de marzo 2003 - 00:00

Necesita podas una "Carmen" criolla

«Carmen de los corrales» de Bizet, versión de D. Pacitti. Con C. Torres, I. Mínguez, F. Chalabe, C. Montagna, S. Stelman, A. Jáuregui Lorda y M. Thibaud, Sibila, Koki y Pajarín Saavedra. Régie e ilum.: E.F. Casullo. Vest.: M. Daga y A. Polo. Esc.: C. Castañón. Orquesta de Plataforma Sur, Dir.: J.Herrera. (La Manufactura Papelera.)

A las muchas adaptaciones escénicas y musicales de «Carmen», la obra maestra de Georges Bizet se suma ahora esta que ubica la acción en los «corrales viejos» de Mataderos en tiempos de la Revolución del '80, con tangos y milongas, zambas y malambos con boleadoras, bandoneón y guitarra en la orquesta.

Daniel Pacitti, nacido en la santafecina Esperanza, tiene una sólida formación musical; durante cuatro años tocó el clarinete en el Teatro La Scala de Milán, durante cinco años fue director de la Filarmónica de Moldavia, dirigió o tocó su instrumento en 22 países, y tiene agenda completa hasta el año 2006. Por su gestión, su adaptación tiene una gira de varios meses en ocho principales ciudades italianas.

Su trabajo tiene lógica, no solamente porque la famosa «Habanera» tiene en la partitura original el ritmo madre del tango, sino porque la liberada cigarrera de Ronda se equipara con la figura de la arrabalera porteña, y también los otros personajes, con un ligero matiz. Pero Pacitti quiso poner en este trabajo lo que aprendió en toda su vida, por lo tanto hay exceso de información musical, de «fusión» y de transculturalización armónica al punto de sobrepasar los límites admitidos en el «crossover».

Lo mismo sucede con la danza; figuras que en su presentación eran estéticamente agradables, a fuerza de repetirlas con ligeras variantes sólo consigue alargar innecesariamente la acción. Otro detalle discutible es que en lo teatral los personajes hablen en «criollo» o «malevo», pero al llegar las arias lo hagan en exquisito y académico francés. Puede ser que sea para respetar la línea de canto bizetiana, pero es anacrónico.

El regista Casullo hace convivir todo este disperso material en una unidad narrativa, y la música -justo es reconocerlo- tiene momentos logrados como el solo del violoncellista Fernando Dieguez y algunos interludios pianísticos. Afortunadamente entregan un glosario lunfardo para entender esta experiencia no carente de valores, pero que ganaría con algunas podas.

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