16 de junio 2005 - 00:00
"No elijo elenco con prejuicios elitistas"
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Gaggero
cuenta que
cubrió el
personaje de
la mucama de
«Cama
adentro»
mediante un
aviso pidiendo
«personal
doméstico
para un film»,
y califica de
«realmente
ridículo» que
se objete a
Norma
Aleandro en
un film del
llamado nuevo
cine
independiente.
Periodista: Ante todo, una curiosidad. En «Cama adentro» ¿no aparece también quien hizo de Gatica niño en la película de Leonardo Favio?
Jorge Gaggero: Claro, Erasmo Olivera. Acá aparece, ya grande, a cargo de una mudanza. No nos veíamos desde mi corto «Ojos de fuego», que fue su segunda actuación cinematográfica. Entonces él todavía vivía en la villa. Recuerdo que una noche le pegaron un tiro. Cuando lo supe fui corriendo al hospital, y encontré un montón de chicos de la villa, amigos suyos, a su alrededor, como protegiéndolo. Me dicen que ahora, de todos esos chicos, él es el único que sigue vivo. Y eso, en gran parte, gracias a los muchachos de la producción de «Gatica el mono», que se ocuparon de ayudarlo y enseñarle un oficio. Ahora tiene su oficio (lo que se llama eléctrico de filmación), su familia, su casita en Ezeiza, y cada tanto también actúa en alguna película.
P.: Si cabe la indiscreción, ¿puede decirnos en quiénes, concretamente, se inspiró para los personajes de «Cama adentro»?
J.G.: Por un lado, en Lidia, la mucama de mi madre desde hace veinte años, y Dora, que la ayuda dos veces por semana. Un poco Lidia nos crió, a mi hermano y a mí. Y, como la Dora de la película, se fue haciendo su casita en Alejandro Korn, con el marido. Que se llama igual que el de la película, pero es muy distinto, muy trabajador.Y por otro lado, en esas señoras que veo por Belgrano peleando los precios. Estuvieron entre los nuevos ricos de los setenta, y ahí se quedaron. Me gusta Belgrano, es como una síntesis del país. Están las que salen adelante, y las otras...
P.: Que culpan a la crisis
J.G.: En mi historia, la señora y su ex marido (que interpreta Marcos Mundstock) son de esos que pusieron un negocio y no supieron trabajarlo, creyeron que era como vivir de rentas. Esa ilusión de la Argentina rica, que ya no existe. ¡La fundimos tantas veces!
P.: Pregunta clave, ¿cómo surge Norma Argentina, la actriz que hace de doméstica?
J.G.: Era una doméstica. Le explico. En Norteamérica pueden pagarle a una actriz profesional todo un año para que estudie a su empleada. Yo no puedo. Entonces puse un aviso pidiendo personal doméstico para un film. Alguna tendría capacidad actoral. Vinieron 800. A Norma la mandó el patrón. «Vea qué es esto, capaz que se gana unos pesos». Ella apareció en la oficina con cara de «a mí no van a tomarme el pelo», y era esa, precisamente, la expresión que queríamos. A la semana la visité en su casa, tomamos unos mates, y empezamos a preparar su parte.
P.: Hay quienes objetan la presencia de Aleandro en una película del «nuevo cine independiente».
J.G.: Eso es realmente ridículo. Suena como un prejuicio elitista que no comparto. El cine independiente de todo el mundo se vale de los grandes talentos. Y en este caso, ¿qué mejor que toda la trayectoria y el talento de Norma? Ella conserva además esa pasión propia de los grandes artistas, le gusta emprender nuevos desafíos, es generosa, un ser humano admirable, y acá hace un personaje muy jugado, y lo comunica muy bien. Además esto reunió a varias generaciones del cine argentino, porque también están Elsa Berenguer, Claudia Lapacó, Mónica Gonzaga, y, por supuesto, Norma Argentina, que después de este debut actuó en otras tres películas más, y ya viajó a San Sebastián y otros festivales, donde firmó autógrafos y recibió felicitaciones de varios artistas como Imanol Arias, que hoy es amigo suyo. A propósito, «Cama adentro» tiene tres santos propios.
P.: ¿Cómo es eso?
J.G.: Ante todo, San Luis, donde ganamos el primer concurso de proyectos, conseguimosel primer crédito (650.000 pesos, sabiendo que apenas estrenáramos ya íbamos a devolver 500.000 gracias al subsidio del INCAA por medios electrónicos, y el resto lo vamos pagando según boletería), y hasta encontramos coproductores españoles, que pusieron un aporte real de euros, nada de «aporte en servicios de producción».Y, salvo la estación de Alejandro Korn, rodamos todo en Villa Mercedes, incluso lo que parece Belgrano. Luego, San Sebastián, que fue el puntapié inicial. Ahí la pidieron de muchos otros festivales, desde Noruega y Bélgica hasta los EE.UU.. En seis meses ganamos seis premios, repartidos en otras tantas competencias.Y el tercer santo es (con licencia) Sundance, donde años atrás presenté el guión, que salió finalista, por lo cual me invitaron a un laboratorio de diez días para pulirlo. Tres años lo fui puliendo.Y ahora presenté la película y ganamos el premio especial del jurado. ¡De ahí, derecho a la sala de 1.300 espectadores del Lincoln Center!
J.G.: Eso es otra cosa, es un documental sobre gente que vive en autos abandonados, pero, pensándolo, también tiene algunos puntos de contacto con «Cama adentro». Por ejemplo, una persona más joven que aprende de otra con mayor experiencia, o el sueño de la vivienda propia, que cada quien va arreglando como puede. En este caso, un joven que siempre quiso tener un Ford Falcon. Finalmente lo consiguió (uno que ya casi no andaba), aunque después tuvo que venderlo. Pero él sigue adelante. ¿Sabe en qué ando ahora? Estoy tratando de ayudarlo a conseguir una licencia de taxista. El siempre quiso ser taxista. Bueno, es cuestión de darle la oportunidad.
Entrevista de Paraná Sendrós



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