25 de junio 2001 - 00:00

"No filmo en EEUU porque no sabría cómo pelearme"

No filmo en EEUU porque no sabría cómo pelearme
Lo común es que los premios a la mejor actuación sean ganados por alguna gran interpretación dramática. Pero como Carmen Maura dista de ser una mujer común, en San Sebastián del año pasado lo ganó por una comedia, «La comunidad», que el jueves se estrena en la Argentina. Eso sí: la actriz tiene cara de susto prácticamente toda la película.

Dialogamos con ella, durante un descanso entre sus múltiples andanzas.

Periodista: ¿Es cierto que desde aquel premio, está haciendo una película tras otra?

Carmen Maura: Hice una experiencia superdivertida en Chile con Ricardo Larrain; tuve un papel precioso (la jefa de una banda) en Italia, dirigida por Damiano Damiani, luego encaramos con Verónica Forqué y su marido, Imanol Iborra, un libro de Angeles Mastretta, «Mujeres de ojos verdes», y está una de Alejandro Agresti, que me cae muy bien, y otra en Osaka... Soy muy curiosa, me encanta filmar en cualquier parte. También me gustaría volver al teatro, pero tendría que dedicarle un año, y el cine me apetece mucho. La verdad, el teatro me apetece por los ensayos, los camerinos, los compañeros, las cenas, las giras, y mejor todavía si es con trajes de época, pero en cambio se me ha ido la necesidad de actuar con público.

P.: ¿Cuándo la veremos en la película que hizo con Enrique Pinti?

C.M.: ¡Oye, que también yo quiero ir al estreno! Se llama «Isidro Arregui», es una comedia de María Victoria Menis que filmamos el año pasado en Buenos Aires, donde hago de esposa de Pinti. No es fácil encontrarle una esposa a Pinti, pero qué tipo, con unas vibraciones, y una gracia, que lo pasé genial. El pobre hacía de noche su espectáculo, y de mañana temprano ya estaba listo y maquillado para la película, y encima hacía régimen. La verdad que es un ángel.

P.: Hablando de ángel, ¿no la tienta Los Angeles?

C.M.: Pero tendría que hablar inglés, y no sé cómo pelearme, y además si fumas te hacen sentir como un delincuente, y si fracasas será imposible que encuentres mesa en el restorán de moda. En España, cuanto mucho, te dirán «Oye, tu película ha sido un rollo», «Pues, vale», y a otra cosa. Los norteamericanos no son nada tontos, saben la cantidad de hispanos que tienen, y luego la cosa latina, las chicas latinas, etc., pero igual veo muy difícil trabajar ahí. Trabajan Penélope Cruz y Antonio Banderas, pero lo de ellos ya es como otra profesión.

P.: ¿Cómo es eso de saber pelearse?

C.M.: Me ocurre con los franceses. Te reciben bien y de pronto puf, afuera. Es difícil saber a quién le caes bien, o mal, mientras que en España te enteras enseguida, tienes una pelea de cinco minutos, y ya. Salimos amigas. En otro lado no sé como pelearme. Cuanto mucho, lo que hago es soltar una retahíla de insultos en español, que no entienden nada pero empiezan a respetarme. Y después sigo hablando en francés, que lo hablo muy bien. Ellos exigen que lo hables muy bien. Lo que tienen de bueno los franceses es que defienden sus cosas. Por algo mantienen 40% de su audiencia, mientras nosotros apenas tenemos 10% de nuestro propio público.

P.: Pero a «La comunidad» le fue muy bien. Cuéntenos de esa película.

C.M.: Pues es una comedia de humor negro sobre una tía que debe huir con el dinero, perseguida por los malos, una historia muy bonita desde el principio. Me llamó Alex de la Iglesia: «Tengo una historia para hombres, pero si tú aceptas, cambio de sexo al protagonista». Lo tomé como un cine de aventuras, y como Alex estaba encantado conmigo, lo pasaba a los mimos. El adora a los actores, en algunas cosas es como un niño pequeño. Igual llegaba a casa llena de cardenales.

Cuando vean las escenas en el tejado, o entre los caballos de un monumento a no sé cuántos metros del suelo, y se me ve medio verde, eso es de verdad, no es el personaje, soy yo que estaba aterrorizada. Era en serio: una chica que me hace de doble, y sabe caer, igual se llevó unos golpetazos bárbaros. Por suerte en el rodaje había ambiente muy de aventura, todos contentos, y después la película hizo mil millones de pesetas. Eso me chifla más que los premios y las críticas, perdonando a los que me han premiado y me han criticado bien. Es que me gusta el mundo de los negocios, en especial estar en un negocio que funciona.

P.: ¿Va a porcentaje con las ganancias?

C.M.: Depende el contrato, pero, sabiendo que el negocio del cine no es seguro ni boyante, lo mejor es un sueldo, pájaro en mano, porque desde que el público pague la entrada hasta que el dinero me llegue, quién sabe cuánto pasa. Eso funcionaría sólo si el mismo que produce la película fuera el dueño del cine, y su madre la taquillera. Por otra parte, tampoco me va la parte de patrona.

Si yo fuera de mandar sería insoportable, con el rollo de la puntualidad y todo eso. En cambio como actriz puedes hacer que haya buen ambiente, y te atienden, y te miman. Tienes que hacer como si fueras un poco tonta, y te miman todavía más. Eso, debes saber equilibrarlo. Cuando se empieza estás insegura, pero cuanto más segura de ti misma te sientes delante de la cámara, pues que pareces famosa y te tratan mejor. Ya cuando empiezan a tratarte como a una reina, se pasa fácil.

P.: ¿La seguirán mimando en la segunda parte de «La comunidad»?

C.M.: No habrá segunda parte. A lo mejor Alex hizo una broma, pero por ahora está con eso de «Fu Manchú» en Tailandia, y tampoco nos vamos a empachar. ¿Para qué continuar la historia? Está muy bien que te echen de menos, y no que te echen de más.

P.: Por todo lo que filma, tampoco es fácil echarla de menos.

C.M.: Con la edad me están llegando unos papeles preciosos. ¿Ve? El de la edad es un problema de las norteamericanas. En España la mujer ha sido siempre importante, hay ejemplos de papeles preciosos, de mujer mayor, y además tengo la suerte de hacer tanto comedias como dramas. Yo pienso hacer ya dentro de un tiempo papeles de viejas con arrugas y todo, porque ya es agotador el trabajo artístico, como para luchar encima contra las arrugas y el estado físico.

Además, tengo sentido práctico: mira si me hago un arreglo y luego me da un infarto. Yo simplemente sigo estas reglas: no hacerte el coco, dormir ocho horas, y tomarte unas vacaciones. En cuanto a hombres, igual que con los directores, también tengo un sentido práctico de la vida: a medida que los voy encontrando, los voy deseando. Y siempre encontré tipos que me estaban deseando. Lo único, me gustaría dejar un poco el cigarrillo, pero en España y Francia se fuma tanto, que hasta me da igual.

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