19 de julio 2002 - 00:00
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Liliana Vitale
Periodista: ¿Por qué este disco demoró tanto en editarse?
P.: ¿La aparición de este disco interrumpe otros proyectos actuales?
L.V.: Por supuesto en todos estos años han pasado muchas cosas. Tuve períodos de mucha actividad, con repertorios quizá más accesibles, de tangos o canciones de Silvio Rodríguez, Serrat, Spinetta o Charly García. Viví en Córdoba,. Estuve otro tiempo sin cantar para resolver algunos problemas con la voz. Y lo último que mostré fue un espectáculo que se llamó «Abalorios», donde se mezclaban canciones de distintos estilos y de distintas épocas, con el amor como «leit motiv». Cuando supe de la posibilidad de editar este disco -que se grabó con Lito en teclados, Bam Bam Miranda en percusión y voces de Verónica Condomí y mi hijo Juan Bel vis-, estaba ensayando un nuevo espectáculo, en la línea de «Abalorios», con un grupo de chicos jóvenes, entre los que está mi hijo, que funcionan aparte como una banda de rock. De modo que seguimos trabajando con eso; sólo que agregamos algunas piezas de «La vida...» que irán en la primera parte del concierto.
P.: ¿Hizo cambios en el disco respecto de lo que había grabado hace doce años?
L.V.: En ese momento no llegamos a hacer la mezcla definitiva del disco. Era una premezcla que se guardó en un DAT. Pero ocurrió además que, en estos años, las partes que estaban grabadas en cinta abierta sufrieron deterioros. Finalmente, aquella que yo consideraba una versión borrador terminó siendo la definitiva. En aquel momento había pensado en agregarle coros y hacer otra mezcla; pero al volverlo a escuchar ahora me pareció que estaba bien así, que el concepto estaba claro, que había quedado bien parada sobre las palabras de Michaux. Inclusive, aparecen en el arte del disco los mismos dibujos que había hecho oportunamente Jorge Cuello y se respetaron todos los nombres de los textos de Michaux -extraídos justamente de «La vida en los pliegues»-, cosa que en el '90 no hubiera sido así.
P.: ¿Qué la llevó a trabajar con músicos tan jóvenes?
L.V.: Pura casualidad. Mi hijo y sus compañeros de banda han ido muchas veces a verme tocar y les gusta lo que hago. Fue así que este año los invité a tocar conmigo y se entusiasmaron mucho. Y nos gustó a todos. De paso, me permite tocar con una banda de rock, una música que pertenece a mi cultura musical más íntima. Yo pertenezco a la generación del rock de los '70. En esa época leíamos la revista «Expreso Imaginario» donde a veces se publicaban textos de Michaux. Todo ha cerrado.
P.: Usted ha sido siempre una artista difícil para el mercado.Algunos hasta la han criticado por elitista. ¿Está cómoda en ese lugar?
LV: Por supuesto que la inadaptación se sufre. Y también es cierto que soy esencialmente idealista: nunca hice algo que no quisiera y siempre hice lo que quise. El costo de eso es la contradicción que me produce. Por un lado disfruto de la elaboración de la sutileza, de la pureza de lo artístico, de mi amor por el canto. Pero por otro lado, también me gustaría llegar a mucha más gente, ser más «popular», pero no descubro cómo hacerlo sin traicionar mis convicciones estéticas. Hubo una época en que trabajé mucho, porque tenía un repertorio más popular; y me encantó. Pero aún no he podido resolver del todo ese conflicto.
P.: ¿Habrá otro disco este año?
L.V.: Eso no lo sé. Sí sé que este año quiero seguir tocando con esta banda, presentar y defender el disco de Michaux y seguir dándole forma al repertorio nuevo. Seguramente, cuando estén listos se grabarán para un disco.


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