11 de mayo 2004 - 00:00
Noé: "Esta obra es el lado infantil que todos tenemos"
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Periodista: Rovner dijo hace poco que el único saldo positivo de aquel consejo asesor ideado por Lopérfido, fue haberlo conocido a usted y a Manuel Antín.
Luis Felipe Noé: Es cierto. Nosotros creíamos que nos habían convocado para algo serio, pero pecamos de ingenuos... fue puro show off.
P.: ¿Y ustedes qué función cumplían?
L.F.N.: Ninguna, así que la gente se fue yendo. Me aburría mucho y mientras hacíamos las reuniones con el subsecretario Storero, yo dibujaba. Al final de cada encuentro había un reparto de dibujos. Ahí fue cuando Rovner me propuso trabajar en esta obra.
P.: Su debut como encargado de la concepción visual de un espectáculo.
L.F.N: Sí.Yo en mi vida tuve varias ambiciones teatrales, pero todas quedaron en el camino. Quería montar obras en las que todos hicieran de todo. Mi idea no era escribir sino proponer una situación y que los diálogos los escribiéramos entre todos. Estuve a punto de dirigir «Gargantúa y Pantagruel» con Marilú Marini y el gordo Eduardo Fasulo, pero el equipo entró en crisis.
P.: ¿Y le resultó satisfactorio diseñar títeres?
L.F.N.: Sí, sobre todo cuando vi la obra, porque es bastante cercano a lo que habíamos imaginado con Elena Nieves [su colaboradora en este trabajo]. A mí me gustan mucho los muñecos. Es ese costado infantil que uno siempre tiene. Ver un dibujito transformado en muñeco me da alegría, es como pasar del proyecto de tener hijos a tener un hijo de verdad.
P.: También se dio el gusto de incursionar en la historieta con «Las aventuras de Contrapoder» que editó De la Flor el año pasado.
L.F.N.: Me propuse hacer esta versión en historieta porque cuando publiqué «Códice rompecabezas sobre Recontrapoder en cajón desastre», en 1974, no me llevaron el apunte. Después, con el tiempo, me hablaron de hacer una adaptación para cine, que finalmente no se hizo, y de una obra de títeres para adultos. La historieta la armé junto a Nahuel Rando que conoce muy bien ese lenguaje.
P.: Su hijo Gaspar, director de «Irreversible», es hoy un cineasta reconocido en todo el mundo.
L.F.N.: También podría haber sido pintor o dibujante, siempre le gustaron las historietas.
P.: ¿Cuándo sus hijos eran chicos los hacía participar de su actividad plástica?
L.F.N.: Yo tuve un momentocrítico en el que dejé de pintar durante diez años y, cuando retomé en 1975, mi hijo Gaspar ya tenía 12 años y mi hija Paula tres más. Pero recuerdo una exposición que hice en 1971, que se llamó «El placer de pintar», donde toda la gente venía a pintar a la galería. Todavía conservo una foto de Jorge de la Vega pintando y jugando con Gaspar, que por otra parte era su ahijado. Cuando empecé a enseñar pintura en 1973, mis hijos asistían al taller con otros alumnos.Y también recuerdo que en la fiesta de 15 de Paula instalamos los espejos planocóncavos con los que estaba experimentando en aquella época. A los chicos les encantó. Fue divertido. Los espejos ofrecían una imagen truncada de los cuerpos. Uno podía aparecer todo piernas o con la cabeza invertida.
P.: A diferencia de sus hijos que viven en Francia, usted vivió allá, pero finalmente regresó ¿Por qué?
L.F.N.:Volví a Buenos Aires porque me cansé de París y porque soy de aquí. En realidad me fui a París porque no quería estar en la Argentina durante la dictadura militar y volví en 1987.
L.F.N.: Si no hay crisis me parece que la vida se pone muy aburrida. ¡Menos mal que existen las crisis!
Entrevista de Patricia Espinosa




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