28 de marzo 2002 - 00:00

Obra maestra, más charlada

"Saigon..shit! Cuanto más permanezco en este cuarto de hotel de Saigón, más me ablando, mientras que el Vietcong se hace más fuerte cada día que sigue en la selva".

La línea de diálogo que abre una de las obras maestras más excesivas del cine bélico debe resonar especialmente en la mente de su director desde hace unos años.

Hace mucho tiempo que Francis Ford Coppola se viene ablandando demasiado, y es un signo muy poco alentador que el director de «La Conversación» no tenga más ocupaciones que producir films clase B como «Jeeper Creepers» o retocar trabajos ajenos como «Supernova» de Walter Hill.

Su versión XL de «Apocalypse Now» es casi un favor que le han hecho en este momento de su carrera. Y en medio de tanto cine mediocre del Hollywood moderno, tener en un multiplex «Apocalypse Now Redux» es un favor que el público debería agradecer. Lo que no significa que agregarle casi una hora más a este clásico no deje de tener sus riesgos.

«Apocalypse Now Redux»
sigue sin tener títulos de apertura, un desenlace no precisamente claro, pretensiones desmedidas que abordan demasiados temas importantes al mismo tiempo y largos monólogos de un Marlon Brando en penumbras. Ahora hay más temas importantes (incluyendo un acto entero de discusiones políticas con improbables colonos franceses que con mucho sentido común se eliminó de plano ni bien John Milius tomó el control del guión) y sin duda quien no conozca la versión original se encontrará con una obra menos contundente que la que Coppola presentó originalmente.

En cambio para los fanáticos incondicionales, ésta es una oportunidad imperdible de conocer más detalles de los personajes que conoce de memoria, y también de entender mejor la azarosa construcción de esta película única en la historia del cine. Los agregados incluyen chistes tontos que le quitan estilo a personajes, como el coronel surfer interpretado por Robert Duvall: antes sólo disfrutaba del olor del napalm por las mañanas, ironía macabra que ahora se suaviza cuando le roban su tabla de surf.

Las conejitas Playboy antes huían despavoridas del acoso de la horda de soldados que no se conforman con verlas bailar al son de «Suzie Q», pero ahora también entregan su cuerpo por unos tambores de combustible. Algunos conceptos que quedaban claros en el film original («el Vietcong no necesita que le entretengan, sólo necesita arroz frío y carne de rata») se repiten una y otra vez.

Es una pena que no haya más escenas con
Dennis Hopper, cuyo fotógrafo alucinado ilumina el tramo final del film. Y entre los agregados, el más interesante es la lectura de Brando de un artículo de «Time» con una referencia a la intervención del aún solo candidato Richard Nixon para complicar las negociaciones de paz del presidente Lyndon Johnson (actualmente este dato figura en cualquier documental del cable sobre Vietnam, pero probablemente en 1979 luciera demasiado audaz, si no es dificil comprender su eliminación del corte original).

Por lo demás, lo que más hay que agradecerle a
«Apocalypse Now Redux» son las bondades del moderno Dolby Digital a la hora de escuchar esos helicópteros (generados con viejos sintetizadores) y sobre todo los numerosos topless de conejitas Playboys alegrando el corazón de las tinieblas.

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