21 de noviembre 2003 - 00:00

Obra provocativa y arbitraria

Obra provocativa y arbitraria
«Unidad básica. Sainete elemental» creación colectiva. Dir.: P. Audivert y A. Mangone. Int.: F. Federico Varela, F. Pérez Bodria, H. Fernández, G. Saborido, L. Edul y A. Mangone. Realización de Escenografía: E. Milillo. (Centro Cultural de la Cooperación.)

E
n un lugar perdido de la Patagonia, arrasado por el viento y casi a punto de desaparecer, un pequeño grupo de militantes peronistas reciben consternados la noticia del derrocamiento de su líder. La unidad básica está integrada por una pareja, un indio al que supuestamente rescataron de una zanja y dos fugitivos (Beto y Pelusa) que intentan huir hacia la Antártida.

Este extraño cónclave de seres condenados al fracaso recuerda vagamente al de aquellos idealistas, entre torpes y patéticos, que reunió Roberto Arlt en «Los siete locos». La idea de organizar la resistencia para evitar la caída de Juan Perón se diluye en medio de discusiones absurdas, ataques de narcolepsia, extraños cruces temporales, intentos de asesinato (los personajes caen muertos para luego volver a despertar) y peleas que no conducen a ninguna parte.

Lamentablemente, esta disparatada sucesión de cuadros termina desarticulando el desarrollo de la obra. Por más que el trabajo actoral refleje un gran compromiso, la puesta denota varias fallas de dramaturgia que tal vez podrían ser subsanadas desde la dirección. Es como si los comentarios y ocurrencias que lanzan los personajes, más sus abruptos cambios de tono o de registro dramático, hubieran quedado detenidos en una primera etapa de improvisación. Por ejemplo, el personaje del indio es apenas un boceto cómico, mientras que la conflictiva relación homosexual de Beto y Pelusa emerge y se dispara sin dejar huellas en el resto del material. También algunos signos escénicos resultan bastante arbitrarios, como la bicicleta que entra en escena «disfrazada» de moto, más parece un gesto de descuido que un guiño rupturista.

Esto no quita que la obra funcione como una provocativa alegoría de nuestro país con su permanente tendencia hacia la barbarie, el olvido y la disolución. Por eso vale la pena destacar la escena en que se juega al truco como uno de los momentos más intensos y efectivos de la puesta.

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