La primera imagen pintada mostraba cuerpos de animales. Desde entonces también el cuerpo humano entró a formar parte de la pintura ya que tiene que ver con lo físico, lo tangible. Es la más sensual de las artes, un cuerpo a cuerpo entre el hacedor y el receptor. Es por ello que el desnudo ha ejercido desde siempre una extraordinaria fascinación los pechos, los pezones, el vientre femenino y su pigmentación.
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Tampoco puede negarse la inspiración, fascinación, obsesión que el cuerpo ejerce en los fotógrafos desde hace más de ciento cincuenta años con ejemplos como Muybridge, Stieglitz, Man Ray, Mapplethorpe, Richard Hamilton, Barbara Kruger, Cindy Sherman, Vanessa Beecroft, entre tantos otros de renombre. Volviendo a la pintura, los desnudos de Lucien Freud, artista inglés nacido en 1922, crean situaciones de gran tensión psicológica y es con este artista que podemos asociar la obra actual de Fernando O'Connor «Retratos del Cuerpo» que se exhibe en Galería VYP. Una asociación que pensamos lo enorgullecería, dada su admiración por ese artista así como por Caravaggio o Rubens.
No sabemos si O'Connor utiliza modelos vivos o si son protagonistas de su imaginación pero sí sabemos que están sometidas a una mirada penetrante, escrutadora, casi depredatoria.
Las ha sustraído de la noción de belleza, no responden a «la mujer» idealizada, no son «ese oscuro objeto del deseo», pero las ha investido de humanidad. Enormes, adiposas, castigadas por el tiempo, la carne ocupa la escena.
Aunque su cromatismo está casi restringido al color piel, la textura de los blancos aplicada con furor, ilumina la figura y también el fondo donde aparece reclinada, sentada o en cuclillas sobre un sillón apenas delineado, vencido por el peso. O'Connor exalta las formas de esos cuerpos poderosos, despojados de vanidad, lo hace sin prejuicios, de la misma manera que su acto de pintar. Clausura el 21 de Septiembre.
•Berni
Juan Travnik, uno de los miembros organizadores del Festival de la Luz, invitó a José Antonio Berni (1952) a exhibir un conjunto de fotografías en lo que constituye su primera exposición que se realiza en el Museo José Hernández (Av. Del Libertador 2373) hasta el 31 de Agosto. A los 16 años, su padre, el célebre pintor argentino que solamente sacó fotos de carácter familiar y cuyos cuadros sociales están inspirados en fotografías de periódicos, le regaló una cámara para que se dedique a registrar sus cuadros.
Las fotos seleccionadas son tomas espontáneas de personajes y lugares reales de la Argentina y de Francia, país en el que residió entre 1977 y 1991 y Travnik se refiere a su labor como la actividad lúdica y placentera de alguien que simplemente saca fotos. Pero esto no debe confundirse con amateurismo ya que Berni pasa muchas horas en el laboratorio para realizar sus propias copias. Su mirada está siempre alerta .
Si se trata de personajes, sabe captar un instante de ensimismamiento «Una tarde gris», tomada en un bar parisino en 1983 o la alegría de un bonachón como «El Dr. Ruiz» en un campo en Córdoba en 1996. En un autorretrato de 1983 (Francia) que revela intensa nostalgia y un autorretrato de 1998 (Buenos Aires), una sombra nada más, aparecen los mismos elementos: ventana, persiana, los contrastes lumínicos de blancos y negros y los grises de la memoria.
Los retratos de artistas, Alberto Heredia, Kenneth Kemble, Enio Iommi en sus estudios así como el de «Agustina en Nueva York» son testimoniales y revelan su sobriedad. Precisamente, Berni no compone pero, a veces, logra una atmósfera teatral como en «Jugadores de bochas» (París, 1984) o «Inés y Agustina se hacen las angelitas» (Botica del Angel, 1998). Fotografía que elude lo trágico, que capta un instante significativo y que deja en el contemplador el deseo de saber ese algo más que hay detrás de cada imagen.
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