10 de mayo 2004 - 00:00

"Odio a los actores que posan de intelectuales"

Luego de una exitosa temporada en Mar del Plata «El show de las divorciadas» de Manuel González Gil y Alberto Alejandro se estrenó en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza con su elenco original, integrado por Ana Acosta, Anita Martínez, Cecilia Milone, Julia Zenko y Catherine Fulop. Dialogamos con esta última en la intimidad de su camarín, donde conviven recuerdos de su Venezuela natal con las fotos de sus familiares más cercanos, entre ellos su famosa cuñada, la ex tenista Gabriela Sabatini. Cálida y comunicativa como siempre, la actriz habló de sus compañeras de elenco («Al principio fue difícil, pero ahora nos amamos»), criticó la exagerada sofisticación de «El deseo» (la nueva telenovela de Natalia Oreiro) y protestó por la imagen que dan de ella «las revistas».

Periodista:
Todos los personajes de la obra tienen problemas amorosos, pero el suyo tiene un problema aún mayor...

Catherine Fulop: Sí, es muy duro lo que le pasa a mi personaje, porque Ada siempre soñó con ser madre, pero no puede quedar embarazada. Hay un momento en que le canto a ese niño tan deseado y en todas las funciones me emociono mucho. Yo tengo una sensibilidad muy fuerte, es algo innato. Hay otras actrices que estudian y estudian para poder descubrirla o quizás nunca la obtienen. Pero en mí siempre fue algo natural y hoy quiero pulir este don, esta gran sensibilidad que Dios me dio, para poder manejarla. Algunos directores se han agarrado la cabeza conmigo porque cuando algo me emociona mucho no lo puedo controlar.


P.:
¿Por ejemplo?

C.F.: Me pasó grabando «Ilusiones» con Oscar Martínez. Un día teníamos que hacer como cincuenta escenas y yo estaba trabada en una, en la que aparecía leyendo una carta de mi padre desde Venezuela. Yo lloraba tanto que no podíamos grabar. El director me quería matar. Cuando miro los videos de mis primeras telenovelas, como «Mi amada Beatriz», en las que actuaba pésimo, siento que mis mejores escenas son aquellas en las que prevalece la emotividad.


P.:
¿No cree que la excesiva exposición mediática, tanto de su cuerpo como de sus conflictos amorosos, contribuyó a que no se la tomara tan en serio como actriz?

C.F.: ¿Sabe qué? Yo odio a esos actores solemnes e impenetrables que intentan pasar por intelectuales... ¡pero si no te ponés seria, mi amor, te toman por cualquier cosa! A mí me gustaría que la gente viera cuánto crecí en estos 19 años de carrera y que no se quedara sólo con la imagen que transmiten las revistas.


P.:
Pero usted ahora conduce un programa de gimnasia por el canal Fox Sports. ¿No le juega en contra esta actividad?

C.F.:Y... un poco se me vino en contra, por eso trato de no hacer más entrevistas que tengan que ver con la belleza. Si quieren algo de belleza que vean mi programa. Pero le digo una cosa, es de gente inteligente cuidar y mantener sano el cuerpo. Yo soy actriz y mi cuerpo es mi instrumento de trabajo. Imagínese que en el «Show de las divorciadas» tengo que bailar y cantar y jamás lo había hecho antes, y aun así a mí nunca me falta el aire en el escenario, porque estoy preparada físicamente para ese trabajo.


P.:
Usted fue una gran estrella de telenovela a nivel internacional. Hoy ese lugar parece ocuparlo Natalia Oreiro.

C.F.: Natalia es hoy «la chi
ca» de la telenovela, pero ella se puso a hacer cosas muy serias e intelectuales como «El deseo», cuando creo que ganaría más como actriz haciendo productos más populares. Ahora es la chica sexy y misteriosa, de pelo amarillo, pero yo la veo más en papeles como el de Cholito (de «Muñeca brava»). No era nada sofisticado, pero ella tenía mucho más para explotar en ese tipo de roles que además a la gente le encantan.

P.: Volviendo a la obra, allí ustedes cantan, bailan e intercambian experiencias amorosas. El elenco es muy heterogéneo pero transmite una gran armonía.

C.F.: Al principio hubo muchos miedos que superar. No es fácil cantar teniendo al lado dos monstruos como Julia Zenko y Cecilia Milone o bailar al lado de una Anita Martínez que es bailarina clásica o compartir escenario con una comediante grossa comoAnaAcosta. Yo, al principio, me dije: «¿Qué hago acá?» Pero al final encontré mi lugar en un grupo donde todas somos un poco brujas.


P.:
¿Brujas, en qué sentido?

C.F.: Me refiero a que todas somos de carácter muy fuerte. De verdad que pasamos por momentos muy difíciles. Yo la escuchaba cantar a Julia Zenko y me quería matar. ¿Yo voy a cantar al lado de esta mujer? Pero después te das cuenta que la obra trabaja con las limitaciones de cada una. Entonces Julia tenía que bailar, Ana Acosta tenía que cantar y así todas nos fuimos enfrentando a nuestros miedos y a nuestras falencias y bueno después de todo eso...
(se ríe) ¡ahora nos amamos!

Entrevista de Patricia Espinosa

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