10 de mayo 2004 - 00:00

Opio

«El muchacho de la pipa» (1905), pintado por el último genio del arte, dada su poderosa inventiva y su insaciable capacidad de trabajo, pertenece al delicioso período rosa y merece sin duda ocupar el primer lugar en la cumbre. La obra fue realizada cuando el pintor tenía apenas 24 años, y en su libro «Retrato del artista joven», Norman Mailer destaca afinidades entre los versos de Apollinaire y las pinturas de Picasso.

Mailer
cita el poema «La chanson du mal» (1903), que describe el encuentro entre Marte y Venus (« donde bajo las rosas que florecen/ danzan desnudos los hermosos dioses rosas»), que bien puede haber inspirado no sólo la transición de la dramática época azul a la melancólica rosa, sino además la significativa pintura del muchacho.

Por su parte, Fernand Olivier, que compartía entonces la vida bohemia de Picasso, cuenta en su libro «Recuerdos íntimos», que el artista había comenzado en esos años a fumar opio. Pierre Daix, biógrafo del malagueño, atribuye al efecto «extraño e hipnótico» del opio el encanto de «El muchacho de la pipa» y « Muchacho con ramo», otra pintura también realizada en 1905. E insiste: «no hay que dudarlo, esto explicaría el aspecto maravilloso de estas pinturas». Pero en Sotheby's tienen una versión diferente. El informe de la subastadora dice que «el joven sostiene la pipa en su mano izquierda, quizás como un emblema de madurez», más que para representar el gusto por «una bocanada de humo de tabaco».

En cuanto a la identidad del modelo, la rematadora sugiere que «podría ser un adolescente conocido como el 'pequeño Louis' que frecuentaba Montmartre». Pero Pierre Cabanne escribe: «En el otoño de 1905 pinta uno de esos adolescentes de formas gráciles y con euritmia deportiva, vestido con el mono azul deslucido que él suele ponerse para trabajar; pero deja el cuadro sin terminar hasta que una noche de tantas, en un café de la Butte, siente de pronto imperiosas ganas de pintar, como le sucede a menudo, y termina el lienzo que se titulará 'El muchacho de la pipa, coronado de rosas (P'tit Louis)'».

Durante los años que vivió en el Batteau Lavoir, Picasso conoció al poeta André Salmon, quien en sus escritos coincide con la versión de Cabanne. «Picasso había pintado sin modelo la imagen sencilla, extremadamente pura, de un joven trabajador parisiense, imberbe y vestido de azul. Muy parecido al aspecto del propio artista cuando trabajaba». Salmon agrega que una noche Picasso «le puso al joven una corona de rosas», y que «de esta pintura, por un capricho sublime, hizo una obra maestra».

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