21 de enero 2004 - 00:00

Otra mente brillante en peligro

Otra mente brillante en peligro
«La prueba» de D. Auburn. Dir.: C. Rivas. Int.: G. Toscano, P. Rago, O. Santoro y C. Reyna. Esc.: C. Rivas y M. Papanicolau. Ilum.: F. Dopazo. Vest.: P. Herrera. Mús.: N. Posse. («Multiteatro»).

G anadora en Estados Unidos de los premios más prestigiosos de la escena (entre ellos el Pulitzer) «La prueba» es una sencilla historia de amor muy bien contada, que apela a la emoción y a una intriga inteligente, de ésas que mantienen al público en vilo hasta el final.

En «La prueba» el universo de las matemáticas funciona como un oportuno contexto para hablar de los criterios de normalidad, genialidad y locura que, de alguna manera, afectan cualitativamente a todas las relaciones humanas. Al menos esto es lo que ocurre en el mundo de Cathy, una joven muy dotada para las matemáticas que abandonó su carrera -a todas luces promisoria para cuidar a su padre- víctima de un creciente desequilibrio mental.

El día en que se celebra el funeral de este prestigioso profesor de la Universidad de Chicago (una institución de la que egresaron 75 premios Nobel), Cathy cumple 25 años, una edad supuestamente límite para una ciencia tan exigente. La llegada de Hal, un joven ex alumno del matemático va a provocar una gran revolución en la vida de la perturbada Cathy, temerosa de haber heredado no sólo el talento de su padre sino también su locura.

Mientras Hal intenta relevar la supuesta herencia científica del genial profesor va enamorándose de Cathy, pero el idilio se rompe con la llegada de Claire, una ambiciosa ejecutiva de Wall Street para la que los números sólo significan dinero. Su objetivo es vender la vieja casa familiar y llevarse a su confundida hermana menor a New York.

La obra tiene una estructura muy sólida, alimentada con numerosos flashbacks y una intriga que se ramifica en diversos interrogantes (¿los genios matemáticos son proclives a la locura? ¿decae su talento pasados los 25 años? ¿puede una mujer destacarse en esa área?). Desde luego, el enigma principal tiene que ver con la misteriosa prueba matemática que da título a la obra y cuya autoría discuten la competitiva Claire y el ahora escéptico Hal (¿la prueba es de Cathy, como ésta insiste en afirmar, o de su padre?). Esa falta de fe, desata una enorme crisis psíquica y emocional en la joven que da origen a una de las escenas más conmovedoras de la obra.

«La prueba»
es una historia entre matemáticos, no sobrematemáticas. De la prueba en cuestión el público apenas se entera que está relacionada con «un teorema sobre números primos». Pero, a través de las matemáticas, David Auburn creó una metáfora sobre la fuerza integradora del amor frente a los excesos de la razón, el materialismo y las conductas meramente pragmáticas. También es evidente su predilección por aquellos que se dedican a esta ciencia por razones puramente estéticas y que ven a las matemáticas como un arte, más que como una ciencia aplicada o de orden práctico.

Las posibilidades de lectura de esta obra crecen notablemente con la puesta de
Carlos Rivas. El director ha logrado que la pieza resulte tan conmovedora, creíble y cercana como una de esas buenas comedias dramáticas que ofrece cada tanto el cine norteamericano. No es un texto dramático de antología, pero puesto en acción, el material se embellece y gana humanidad.

•Elenco

Mérito que también debe atribuirse al magnífico desempeño del elenco, encabezado por la talentosa Gabriela Toscano. Su Cathy resulta extraña en su cotidianeidad, conmovedora en su desamparo, deliciosa en su torpeza sexual y casi una fiera cuando se la pretende avasallar en sus convicciones.

Osvaldo Santoro
, como el padre, luce sin exagerar los desbordes emocionales de su personaje. Pablo Rago es un encantador partenaire para la pobre Cathy y, como siempre, transita por el escenario con desarmante naturalidad. Por último, Carola Reyna provoca carcajadas entre el público en su papel de tilinga neoyorquina, pero poco a poco va dejando entrever los costados más contradictorios de su personaje. Es un gran mérito de su actuación no haber convertido a Claire en la «mala de la película».

«La prueba»
es una obra para todo tipo de público, incluso para aquellos que dicen que el teatro «no les gusta».

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