Mariano Mores tiene la impronta de los clásicos. Ha entregado piezas fundamentales a la música popular argentina, como «Cuartito azul», «Adiós Pampa mía» o «Uno». Tiene una manera inconfundiblemente personal de concebir el espectáculo tanguero, una concepción de la familia, que ha llevado permanente a sus escenarios y un estilo orquestal que lleva su marca registrada.
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Modernizado por el aporte multimediático de una pantalla desde la que desfilan recuerdos de su familia, de sus actuaciones en el cine y de personajes muy admirados por él, como su maestro Francisco Canaro, y gracias al cual puede darse el lujo de acompañar a Carlos Gardel en «Volver» («un gusto que, por una cuestión de épocas, no pude darme durante su vida», dijo emocionado), Mores presentó «Con alma y tango». A la manera de una gran revista porteña -una influencia que heredó también de Canaro-, en su show se sucedieron los números instrumentales, cantados y bailados.
Desplegó títulos muy conocidos: sus clásicos personales, pero también «La cumparsita» o «Garufa»; permitió el lucimiento del ballet y del cantante Daniel Cortés; compartió con su hija Silvia un inspirado y humorístico cuadro con «Cuartito azul» en el que él aparecía en camiseta y tiradores tocando sobre un viejo piano vertical; invitó a cantar a sus nietos Gabriel Mores -mucho más que una promesa con «Por qué la quise tanto»- y Mariana Fabbiani -graciosa y sensual con su versión de «Se dice de mí»-.
Mostró una orquesta numerosa y muy sólida, sostenida, tal como es su tradicional estilo, en las cuerdas, los vientos y la percusión. Y exhibió la que es, además de su enorme talento para componer, otra de sus grandes virtudes: su impresionante manejo de las teclas para dar, como muy pocos, con lo más profundo de la música de Buenos Aires.
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