Triunfos compartidos y escasa pero buena presencia mostró la Argentina en la entrega de los premios Goya de la Academia Española de Cine. La ceremonia se cumplió este sábado de modo mayormente online, con los presentadores en Málaga y los candidatos en sus respectivas casas, y tuvo entre sus ganadores a la vasco-franco-argentina del mendocino Pablo Agüero “Akelarre” (Mejor Vestuario, Maquillaje, Música, Efectos especiales y Dirección de Arte), y el film de animación hispano-argentino “La gallina Turuleca”, de Gondell y Monigote (Mejor Película de Animación). Este era un premio cantado, podría decirse cacareado, porque no había ninguna otra animación en competencia. Lo suyo fue competir contra la pandemia en las salas de cine. Por su parte, “Akelarre” sumó la mayor cantidad de premios de la noche, y se los llevó online para el País Vasco, salvo el de Maquillaje y Peluquería, que viene para Buenos Aires, a manos de Beata Wojtowicz y Ricardo Molina.
El argentino Pablo Agüero entre los ganadores del Goya
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Pero, aunque “Akelarre” tuvo 5, la gran ganadora fue “Las niñas”, de Pilar Palomero, con 4 de mayor peso: Mejor Film, Guión, Opera Prima y Fotografía (la boliviana Daniela Cajías). Luego, la excelente “Adú”, de Salvador Calvo, que puede verse en Netflix, con 4, incluyendo Mejor Director y Actor Revelación (Adam Nourou, francés, 18 años). Otros galardones, “Ane”, “La boda de Rosa”, “Sentimental”, “No matarás” (al fin el galán Mario Casas logra ser reconocido como actor), “El olvido que seremos”, el documental “El año del Descubrimiento” y “Sentimental”, de Cesc Gay.
Por esta comedia estaba nominada Griselda Siciliani. No ganó, pero al menos se quedó con la promesa pública de una orgía, apenas sea posible. El promitente es Alberto San Juan, que ganó como Mejor Actor de Reparto, y fue además el único de la noche que hizo un reclamo político (al PSOE, por un plan de viviendas), aunque más se lo recordará por el chiste de otro candidato, Sergi López, que hizo en cámara los gestos que los perdedores suelen disimular con una sonrisa hipócrita (los hizo en broma, por supuesto).
Momento único: la venerable Ángela Molina recibiendo el Goya de Honor. Solo estaba Jaime Chávarri, no hubo una sala completa aplaudiéndola de pie como se merecía. Y sin embargo ella, “a sala vacía”, transmitió pura emoción, goce y sabiduría. Otro momento: la cantante moderna Nathy Peluso, nativa de Luján, Buenos Aires, en una sensual versión del clásico de Sarita Montiel “La violetera”. La verdad, no parece que vendiera violetas, sino otra cosa. Y la vende con éxito.
Conductor de la ceremonia, Antonio Banderas, desde su propio teatro en Málaga. Menos ágil de lo conveniente, pero con el aporte de un plus: logró que sus amigos aparecieran enviando mensajes de apoyo al cine español. Y qué amigos: Monica Bellucci, Dustin Hoffman, Sylvester Stallone, Ricardo Darín, Oscar Martínez, entre otros, y hasta Melanie Griffith, su ex mujer, ya superados los enojos del divorcio. Es que el tipo es un seductor.
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