Casavalle: sobre la pandemia como gueto

Espectáculos

El director teatral estrena el domingo en El Extranjero "Mi niña, niña mía", una obra sobre dos mujeres unidas por el Holocausto.

¨El encierro y el aislamiento me ayudaron a comprender esta obra y a la pandemia como gueto¨, dice Alejandro Casavalle, director de ¨Moje Holka. Moje Holka, mi niña, niña mía¨, que se estrena el domingo en El extranjero. De las autoras europeas Amaranta Osorio e Irziar Pascual, muestra a dos mujeres en momentos históricos diferentes que encuentran formas para sanar las cicatrices del nazismo. Una mujer del pasado confinada en un campo de concentración propagandístico nazi, el de Terezín, y otra joven científica del presente que se ve espejada en la anterior. Con actuaciones de Alma Buffay y Marianella Zappelli, se presentará los domingos a las 15.30. Dialogamos con Casavalle, además docente de actuación de la ENERC y responsable de la DEGEART, Dirección General de Enseñanza Artística de Buenos Aires.

Periodista: ¿Cómo llegó a este texto?

Alejandro Casavalle: A Amaranta la conocí en un festival en Costa Rica y años más tarde me pasó una obra escrita junto a Itsa Pascual. Me gustó tanto que hicimos una lectura, y de ahí en más ellas y las actrices me pedían que la lleváramos a escena, pero no encontraba la oportunidad. En pandemia la entendí, me conmovió, sentí que tenía que hacerla. Esta obra habla del encierro y el aislamiento, y además en pandemia murió Agustín Alezzo.

P.: ¿Cómo lo conectó esa pérdida con Hedy Crilla?

A.C.: Empecé a hacer teatro a los 14 años. Subía las escaleras del estudio de Alezzo en la calle Jean Jaures y veía la foto de Hedy Crilla sin saber quién era. Hasta que Alezzo nos contó anécdotas de ella y lo que representó. Fue la gran maestra de mis maestros, Augusto Fernándes, Hugo Urquijo, Lito Cruz.Hedy Crilla, que escapó de Austria durante el nazismo, vivió luego dando clases y dirigiendo a niños, así como el personaje de la obra lo hacía en campos de concentración enseñando teatro. Se me empezaron a unir partes y luego lo pude razonar. El motor de Hedy Crilla fue hacer teatro para seguir viviendo. Le dedico el espectáculo porque fue mentora de mis maestros, que se terminaron de ir con la pandemia.

P.: ¿Qué lo liga al Holocausto?

A.C.: La Shoa es un tema de todos. Hablé con sobrevivientes e hijos de sobrevivientes en contexto de aislamiento. Lo hicimos por zoom. Le conté a las autoras que tenemos una comunidad judía muy fuerte, con la que estoy relacionado desde el Nacional 17, después trabajé en salones haciendo Bar y Bat Mitzvah, era más judío que todos, en mi colegio compartí con Damián Dreizik y los Hochman. Me abrazó la comunidad judía, con una relación desde lo cultural que yo admiro.

P.: ¿Qué encontró en la investigación para construir la obra?

A.C.: El campo de Terezín no se conoce tanto. Auschwitz tiene más publicidad porque es más oscuro pero Terezín era el lugar donde los nazis hacían propaganda con artistas para mostrar que eran cuidadosos en ese campo. Uno de los documentales que se filmaron allí y puede verse en Youtube muestra el horror de ese lugar. Sin embargo el director del documental lo hacía para sublimar el dolor, porque era lo que sabía hacer y no advertía que estaba siendo funcional al nazismo. Varios chicos a los que la protagonista de la obra dio clases de teatro dijeron que ella les había salvado la vida. Otros terminaron en Auschwitz.

P.: ¿Cómo surgió la propuesta de almorzar antes o después de la obra?

A.C.: Elegí el teatro como siempre hago. El Extranjero está en el corazón de Once y puse el domingo al mediodía para fomentar la reunión. Se puede almorzar antes o después de la obra, invita al encuentro que perdimos en pandemia. Celebro el teatro como encuentro y ésta, paradójicamente, es una historia de aislamiento y de encierro. Esto le pasa también al otro personaje, una chica joven que es científica que está estudiando a los bichos y las luciérnagas.

P.: ¿Qué puede decir de las artes escénicas en pandemia y este resurgir?

A.C.: Me sorprende la enorme adaptabilidad del ser humano y eso vuelve a llevarme a la obra por el gueto. Es fuerte la naturalización de ciertas cosas, por ejemplo la tecnología. Como adulto no quiero devorar sino convivir y ser parte de esta generación. Es la de mis hijas y veo poca tolerancia al fracaso, inmediatez. Explico que no todo es una app, que hay diferentes tiempos, y esto también está en la obra, el tiempo fabril y el tiempo tecnológico. El teatro es representación y reflejo.

P.: Habló del encierro en pandemia como gueto, ¿Qué más piensa al respecto?

A.C.: Veo el encierro y el aislamiento también fuera de la pandemia, lo veo con el celular. Es un aislamiento mental, no es lo mismo escuchar o leer un mensaje que intercambiar con otro. Con el whatsapp empieza un gran monologo, esta obra también tiene dos monólogos, y aparecen allí las bondades y miserias. El que lee un mensaje en el celular quizá interpreta con otro tono. Esto pasa con el aislamiento en las redes, el reinado del algoritmo lleva a que todos vayan a encerrarse.

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