9 de septiembre 2004 - 00:00
"Para muchos balseros, fuimos como sus padres"
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Imágenes de los cubanos en el mar, en el documental de Bosch y Domenech «Balseros».
Periodista: ¿Cómo fue su primer contacto con el tema?
Carles Bosch: En agosto de 1994 rodamos 105 horas para una nota televisiva de 30 minutos sobre el fenómeno de los balseros. Estados Unidos había celebrado a unos cubanos que huyeron de La Habana hasta Miami secuestrando un avión, y entonces Fidel Castro dijo 'si quieren irse, que no sea con mis aviones', y ordenó a sus guardacostas que dejaran pasar a cuanta persona saliera rumbo a Estados Unidos por vía marítima. En poco tiempo, más de 30.000 desesperados se lanzaron al mar, seguros de que en la otra orilla los recibirían como héroes, igual que a los del avión. Pero en Florida nadie esperaba semejante cantidad de gente. Yo creo que Fidel lo hizo a propósito, para causarles un problema a los norteamericanos.
P.: ¿Siguió en contacto con esa gente?
C.B.:Así es. Desde esa época nos mantuvimos en comunicación con varios cubanos, exiliados o no, sea porque me llamaban a cobro revertido o porque debíamos buscarles algún pariente en Estados Unidos, o enviarles remedios. Como periodista, es normal que uno llegue a tener ciertas obligaciones con los entrevistados, lo que no significa que yo sea buena persona.
C.B.: En 1999, una joven que se había quedado con su hija nos escribió que al fin pudo ganarse la lotería de visas (cada tanto la oficina de negocios norteamericanos en Cuba hace un sorteo entre medio millón de candidatos), y que ya se estaba aprontando para reencontrarse con su hermana. Eso, para nosotros, fue como un punto de inflexión. Ahí volvimos, por ganas de verlos y saber qué fue de sus vidas. Entonces, a partir de esas 105 horas que yo guardaba (porque el canal ya las había reciclado), decidimos hacer un film, tomando siete historias bien representativas de los 30.000 que se fueron, o trataron de irse, en balsas. Están, por ejemplo, el hombre que tiene mujer e hija en Miami pero no consigue visa, el gordo pícaro que va dejando mujeres, una tras otra, la pareja que quiere progresar... En edición dejamos fuera una octava historia, demasiado particular, sobre un ciego de 90 años que viajó con su esposa de 20.
P.: ¿Tuvo problemas en Cuba?
C.B.: Los habituales cuando uno viaja allí: todo depende del humor del funcionario que nos toque, o de la situación del momento (por ejemplo, fue difícil en la época del famoso balserito Elian). Igual nos arreglamos. La toma más elaborada, con una grúa accionada por un motor soviético digno de otra película, fue hecha sin permiso. Peor fue en los campos de retención de Guantánamo, donde muchos balseros estuvieron durante años. El Army nos llevaba en avión desde Florida, nos impedía hacer planos generales, nos daba 15 minutos para hablar con uno, a toque de silbato pasar a otro, y a las cuatro de la tarde ya nos había llevado de nuevo. Pero, ¿qué podía haber más intenso que esos 15 minutos, para esas gentes ansiosas de comunicar lo que les pasaba? Lo más parecido a sus padres éramos nosotros. Luego, valió la pena filmar también en Estados Unidos, sus triunfos o desilusiones.
C.B.: No fue fácil pero al final lo logramos, y sin censura. Yo no lo podía creer: la pudimos dar tanto en La Habana como en Miami. Ciento y pico de festivales, candidatura al Oscar... En el Festival de La Habana hasta ganamos un premio. Ahí nos dijimos 'Dios mío, ¿qué película habremos hecho?', pero al mes nos dieron otro premio en el festival de Miami. Con esto he aprendido mucho. Todavía estoy aprendiendo, lo que es la inmigración. Y le he tomado mucho respeto al público estadounidense, que apreció 'Balseros' como nosotros nunca apreciaríamos un film de ellos sobre los marroquíes que llegan a España.
Entrevista de Paraná Sendrós




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