25 de agosto 2004 - 00:00

Polémica en Alemania por una película sobre Hitler

Bruno Ganz es Adolf Hitler en «La caída», el primer largometraje de ficción alemán en el que aquel país se atreve llevar a la pantalla a Adolf Hitler.
Bruno Ganz es Adolf Hitler en «La caída», el primer largometraje de ficción alemán en el que aquel país se atreve llevar a la pantalla a Adolf Hitler.
Berlín (Reuters y EFE) - La imagen de Adolf Hitler en una nueva película alemana sobre sus últimos 12 días está causando controversias aun antes de su estreno, pues los críticos han rechazado la semblanza del dictador como «un ser humano». «La caída» («Der Untergang»), basado en relatos de testigos y en el libro del historiador Joachim Fest, llegará a los cines de Alemania en septiembre y es el primer intento de ese país de caracterizar a Hitler en un largometraje de ficción.

Relatado desde el punto de vista de Traudl Junge, una de las secretarias personales de Hitler, el film es otra aproximación más al pasado de Alemania, que se refleja en un creciente número de largometrajes alemanes sobre la era nazi, tema que era tabú en el cine de ese país. La misma Junge en persona, muy poco antes de morir en 2002, fue protagonista de un documental llamado «Punto ciego», en el que relataba a cámara sus memorias.

El nuevo largometraje es de ficción, y en él Hitler, confinado en su búnker con pocos muebles y paredes desnudas, ordena a unidades no existentes ir a la batalla y declara que la derrotada nación alemana «se ha mostrado indigna» de él. Sus colaboradores beben el último vino y discuten la mejor forma de suicidarse mientras que, afuera, hombres mayores y niños reciben órdenes de luchar contra los tanques rusos. Hitler se suicida el 30 de abril, pero la lucha continúa una semana más. La película fue rodada en San Petersburgo, en áreas que se asimilan a la Berlín previa a la caída final.

El famoso actor suizo Bruno Ganz, de gran trayectoria en el cine alemán («Las alas del deseo», «Nosferatu», «El amigo americano») adquiere una similitud fotográfica con el encorvado dictador de 56 años afectado por el mal de Parkinson, que lo obliga a esconder su mano temblorosa detrás de su espalda. El dominio de Ganz del extraño acento bávaro austríaco de Hitler le da ventaja sobre otras interpretaciones de actores británicos, como Alec Guinness en 1972 en el film «The Last Ten Days» («Los últimos diez días») o Anthony Hopkins en «The Bunker».

• Imagen

En la película, dirigida por Oliver Hirschbiegel, sus explosiones de furia ante la incapacidad del ejército para contener el avance soviético en Berlín están mezcladas con momentos de bondad con el perpreguntasonal femenino de su gobierno y ternura hacia Eva Braun, con quien se casa un día antes del suicidio. El retrato de Hitler, por momentos, llega a ser hasta comprensivo, y sólo hay una referencia breve al Holocausto en sus diatribas. Braun fue interpretada por Juliane Koehler, que protagonizó el film ganador del Oscar «En ningún lugar de Africa».

El productor Bernd Eichinger, quien produjo «El nombre de la rosa» y «La casa de los espíritus», dijo que un grado de empatía es inevitable. «Si uno quiere entender la historia, debe entender a las personas que la hicieron», dijo al canal de televisión alemán ZDF. La revista «Spiegel» destinó la portada de su edición de esta semana al film, pero los críticos se preguntan si es ético ese trato para un hombre que ordenó el Holocausto y comenzó la Segunda Guerra Mundial.

Según el historiador
Fest, autor de la biografía sobre la que se basa el film, Ganz es el primer actor que ha logrado llevar realmente la personalidad del dictador a la pantalla. «Es realmente Hitler, cuando uno lo ve siente escalofríos», dijo. Según «Der Spiegel», hasta ahora todas las películas sobre los últimos días del dictador caían en «un humorismo involuntario» mientras que la representación de Ganz de Hitler le da al personaje una mayor profundidad.

«¿Se puede mostrar humanamente a un monstruo?»,
se en un comentario el diario «Bild» que dice que tras 150 minutos el espectador está «sacudido, perturbado e irritado» ante un Hitler tal vez «demasiado humano». Ante estas opiniones, Ganz ha dicho que Alemania «ya está lo suficientemente madura para soportar una película de esta naturaleza, que muestra a criminales, a horribles personas perdidas y ansiosas de la muerte».

«No es un papel soñado para un actor»,
dijo Ganz «aunque, sin duda, interpretarlo en el cine ha sido interesante. Procuré no sumergirme demasiado en el personaje durante el rodaje y no identificarme demasiado con él, aunque en realidad eso es imposible si uno quiere hacer un buen trabajo», explicó el actor, de 63 años. Ganz confesó haber sentido compasión a la hora de interpretar «a ese hombre miserable», pues «de lo contrario, no hubiera podido hacerlo».

• Unidimensional

El productor Eichinger, por su lado, dijo que aunque inicialmente había pensado hacer una película sobre el III Reich, su interés paulatinamente se fue trasladando al personaje de Hitler. El productor insistió en que la imagen de Hitler se había vuelto canónica en Alemania, y que ve al dictador como encarnación de la barbarie y del mal, y que él trató de quitarle el carácter unidimensional a esa representación. «Para mí ahí está el contenido de verdad de la película, que el mal y la barbarie no se muestran como algo unidimensional», dijo, y agregó que «estaba cansado» de que sólo Hollywood se arrogara el papel de cronista oficial e internacional de la vida del tirano.

El director del Frankfurter Allgemeine Zeitung,
Frank Schirrmacher, escribió una nota editorial en la que define el estreno de este film y el del próximo «El arquitecto del diablo» (sobre la vida de Albert Speer), como dos acontecimientos históricos, y coincide con Ganz en que se trata de una prueba de madurez política. «Hasta ahora», escribió «los alemanes no se atrevían a interpretar a Hitler. Si alguna película lo mostraba era desde lejos, por una fracción de segundo, y casi siempre vociferante».

El editor recuerda que sólo existe una única grabación de la voz de Hitler, pausada y normal. Un técnico finlandés de radio la captó secretamente en 1942, y cuando se hizo pública, pocos años atrás, provocó -dice-« una sensación». Esa es la voz que obtiene Ganz en la película, que «termina con una etapa en la que los alemanes, casi sesenta años después del fin de la guerra, continuaban sin atreverse a interpretar a Hitler». El debate, seguramente, recién empieza.

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