16 de julio 2008 - 00:00

Policial a la manera de los de Borges-Bioy

Policial a la manera de los de Borges-Bioy
Elvio E. Gandolfo y G. Sosa, «El doble Berni» (Bs. As., Negro Absoluto, 2008, 182 págs.).

El asesinato, en la ciudad de Rosario, del pintor Roberto Taborda mientras realiza un mural en la curiosa empresa Pitágoras Inc, mezcla rara de pensamiento empresario y grupo esotérico, arrastra a su amigo Jorge Lucantis, dedicado a la venta de productos new age, a una investigación que se le va imponiendo poco a poco. Y esto más allá de que, para la policía, el caso está cerrado cuando encuentran el culpable, un marginal conocido por el alias de Chapa. Detrás del crimen de Taborda, un epígono del gran Antonio Berni, se esconde una trama de comercio de falsificaciones y de obras auténticas. Y si allí aparecen los estrambóticos galeristas Guitarrini y Filomberto (que por momentos parecen remitir a personajes de Leopoldo Marechal), tambien infaliblemente están por el clásico cherchez la femme, la intrigante mujer del pintor y una japonesa que colabora como contadora y decoradora con Lucantis. No faltan policías, ni el honesto ni el corrupto, el que cree que el tema está solucionado y el que supone que nada está claro y que, como sostiene Lucantis, fue un crimen por encargo.

La acción que comienza siendo morosa, como para que el lector vaya teniendo claros todos los detalles de lo que vendrá, y que hasta un punto vuelve esforzada la lectura si no aburrida, pasa a partir de la mitad del libro (del magnífico capítulo VII en adelante) a intensificar su ritmo, a volverse cinematográfico, a resultar una atrapante búsqueda del desenlace. Con audacia, no sólo el lenguaje es el de la ciudad de Buenos Aires y el de esa Rosario donde se centra la acción, al uso de elementos que son un reto para el escritor de policiales como la presencia de los teléfonos celulares y el uso de Internet. Gandolfo (ya consagrado narrador y crítico), y Sosa, que con este libro están entre los iniciadores de una colección de «novelas negras» dirigida por el ahora mediático Juan Sasturain, entran en la tradición de aquellos juguetes policiales que pergeñaron Borges y Bioy Casares, y la excelente «Como aman odian», que escribiera Silvina Ocampo con su marido. Lo mejor de este policial es que al final no se sabe todo y, por tanto, impone la reelectura.

M.S.

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