14 de septiembre 2005 - 00:00
"Política, finalmente, es el arte de fracasar"
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Héctor
Aguilar
Camín
piensa que
beneficia a
las letras que
se haya
acabado con
etiquetas
literarias
como la que
marcó al
boom.
Periodista: ¿Por qué su nuevanovela trata sobre la trayectoria de un político singular?
Héctor Aguilar Camín: Busqué contar como un hombre de altos dones construye su fracaso, como del talento puede nacer la derrota. Mi personaje va construyendo su trayectoria de una manera oscura. No hay una causalidad entre sus errores y su destino, pero de forma implacable pone frente a sí todas las cosas que pueden arruinar lo que el quiere. Trata de manipular la realidad, como muchos políticos, pero no le alcanza por sus limitaciones, y muchas tienen que ver con el tamaño de sus talento, que es tan obviamente superior a su medio que de algún modo le impide entender el medio que tiene que manejar. Este es el momento en que mi personaje, tan poco atractivo como un político que busca el poder, puede volverse entrañable, tanto por la mirada confesional y solidaria del amigo como por la historia misma. Si triunfara sería un personaje trivial.
P.: El narrador sostiene que «la política, finalmente, es el arte de fracasar».
H.A.C.: Si se ve estadísticamente la cantidad de políticos que realmente triunfaron, que salieron con la suya, que le dieron buenas cosas a su sociedad, son un puñado de excepciones. Revisemos la historia argentina, la del mundo: ¿con quiénes nos quedamos? La cantidad de políticos que han traído grandes catástrofes sobre sus sociedades probablemente es más larga, y luego, claro, está la franja de la mediocridad, de políticos que ni fú ni fa, y eso equivale al fracaso, si se piensa en los sueños con los que entraron al poder. Entonces, en la mayoría de los casos, la política es el arte de fracasar.
P.: ¿Dónde coloca los llamados «lideres carismáticos»?
H.A.C.: Dios nos libre de las figuras carismáticas, yo quisiera gobiernos grises, aburridos, predecibles, que produjeran aburridamente estabilidad, aburridamente prosperidad, aburridamente seguridad, aburridamente equidad, de modo que fuéramos todos como Suiza. Quisiera que no hubiera salvadores con grandes épicas del desastre a enfrentar. Esas grandes épicas de consumo popular son un desastre.
P.: ¿Después de esta novela que está escribiendo?
H.A.C.: Esta novela la terminé hace un año, y no dejo de escribir. Estoy haciendo en México un programa de televisión, «Zona abierta», que me soluciona mis problemas alimenticios y, probablemente, de retiro, y tengo mucho tiempo para escribir, y escribo muchas cosas al mismo tiempo, voy escribiendo lo que tengo en la cabeza, lo que quiere ser escrito, lo que me va interesando. A veces me pasa que no me gusta como esta saliendo algo, paro y me mudo a otro libro. «La conspiración de la fortuna» la interrumpí cuatro o cinco veces desde 1999. En este momento tengo dos novelas empezadas, una de la que sólo me faltan dos capítulos. Cuenta de un enviado en un pasado mítico, decimonónico, que lo envían como espía a un república que está en guerra buscando imponerse sobre todo un territorio, lo mandan a una provincia perdida, llega y busca meterse en el lugar a través de una mujeres que lo encuentran en el camino, parecen unas mujeres viejas pero que resulta que son jóvenes. Comienzan a suceder cosas muy extrañas. Hay una guerra que no es sólo entre ejércitos sino también entre inframundos que combates entre ellos. Es un salvaje cuento de hadas donde hay una enorme cantidad de batallas, una exploración de inframundos y, también, un ejercicio estilístico de creación de personajes y de distintas formas narrativas.
P.: ¿Cómo ve la literatura latinoamericana luego que dejó de estar integrada por paraguas como el del «boom» o «pos boom»?
H.A.C.: Me gusta no estar bajo etiquetas, que son bastante falsas, porque ¿qué fue el boom? Agrupó a 4 o 5 autores más o menos jóvenes, y alumbró obras de autores mucho más viejos, y a veces mucho mejores que ellos. Sin embargo esas etiquetas ayudan a vender los libros y a situar a los autores.Ahora estamos en algo mejor para la literatura, que es que cada autor sea él mismo y que cada uno tenga su propia experiencia. Creo, con Nabokov, que la literatura es un asunto de talentos personales. A la vez, estamos pasando por un aislamiento de narrativas y de narradores. Volvimos a estar como antes del «boom», que había grandes obras personales desconocidas. Apenas se conocía en México a Borges, a Onetti, a Lezama Lima. Quizá, por esto, como se exhiben y venden los libros vuelve a tener una importancia muy central, porque la potencia editorial española está consagrando autores que no sé si son los mejores que hay en España y en la región. Es un problema que no tiene que ver con la literatura sino con su difusión.
Entrevista de Máximo Soto




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