8 de enero 2002 - 00:00

Premiaron en Bellas Artes a destacados arquitectos

Obra de Charles Correa
Obra de Charles Correa
En el Museo Nacional de Bellas Artes se entregaron los Premios Vitruvio, que reconocen las realizaciones más destacadas de la arquitectura local e internacional y distinguen a los profesionales que actúan en el campo de la creación arquitectónica y urbanística. En esta última edición, Charles Correa, de la India, obtuvo el Premio a la Trayectoria para un Arquitecto Internacional.

Diplomado en la Universidad de Michigan y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Correa (1930) abrió su estudio en Bombay, de donde es oriundo, en 1958. Hoy no sólo es uno de los más brillantes arquitectos de la India, reconocido además internacionalmente, sino también un pionero y especialista en el diseño de viviendas de bajo costo. Entre 1970 y 1975, Correa fue el arquitecto-jefe de la Corporación de Desarrollo Urbano e Industrial (CIDCO), encargada del planeamiento de Nueva Bombay, una ciudad de dos millones de habitantes.

Medalla de Oro 1990 de la Unión Internacional de Arquitectos, profesor visitante de las universidades de Londres, Tulane, Harvard, Michigan y MIT, Correa publicó en 1985 un libro ya canónico sobre la urbanización en los países en desarrollo: «The New Landscape» (El nuevo paisaje). Su obra numerosa incluye el edificio de la Legislatura del Estado de Madhya Pradesh, en Bhopal; edificios de departamentos, casas unifamiliares, centros culturales y una serie de viviendas de bajo costo en Delhi, Bombay, Ahmedabad y otras ciudades.

Si hubiera que definir a Correa sería preciso ubicarlo entre los más lúcidos exponentes del Regionalismo Crítico. Desecha tanto la copia generalizada de los modelos extranjeros como la repetición aislacionista de las formas locales. Cree que el arquitecto debe partir de las formas regionales e incorporar los elementos de valor, y unirlos a los lenguajes contemporáneos e internacionales.

•Síntesis

Recorrimos con Charles Correa, durante un mes, cinco provincias chinas y allí lo conocimos profundamente. Nos impresionó la síntesis de su pensamiento: «La arquitectura basada sobre la transferencia superficial de imágenes pertenecientes a otra cultura u otro tiempo, no puede sobrevivir. La arquitectura debe ser generada a partir de la transformación de tales imágenes. El arquitecto debe transformar, reinventar, en términos de nuevos lenguajes y nuevas tecnologías, no transferir. La transformación coloca a la arquitectura en el lugar que le corresponde: en la intersección de la cultura, la tecnología y las aspiraciones humanas».

De ahí el énfasis puesto por
Correa en el clima como determinante mayor de la arquitectura; y su defensa de los espacios abiertos en la India y en las demás naciones de clima tórrido (las del Tercer Mundo, en suma). Y de ahí, también, la importancia que concede al dominio de lo sacro, más decisivo que los dominios de lo público y lo privado, según él, pues la arquitectura es generada por ideas míticas, que expresan la presencia de una realidad más profunda que el mundo de lo manifiesto.

Siguiendo su teoría, el Centro Cultural Jawaharlal Nehru (Jawahar Kala Kendra) es una obra emblemática. Encargada por el Estado de Rajastán, se alza en la Capital, Jaipur, y su nombre honra al primer jefe de Gobierno de la India (1947-64). El diseño del centro responde al de la ciudad originaria fundada y trazada en 1728 por el maharajá
Jai Singh II, uno de los más destacados matemáticos y astrónomos de su tiempo, a quien se deben los cinco observatorios de Jaipur, Delhi, Ujjain, Benarés y Allahabad.

Jain Singh II
basó el plan maestro de la ciudad sobre su división en nueve mandalas (cuadrados), correspondientes a los nueve planetas, dispuestos en tres hileras de a tres. Correa sostiene que Jain Singh II quiso unir, en la traza de Jaipur, su pasión por los últimos descubrimientos de la astronomía contemporánea, con sus más íntimas creencias espirituales, formulando así una síntesis entre el pasado y el futuro, entre el mundo material y el metafísico, entre los dominios de lo público, lo privado y lo sacro.

Si
Jain Singh II operó una transformación, en términos de Correa, él hizo lo propio con el Centro Cultural de Jaipur. El edificio incluye espacios para albergar colecciones de textiles, joyas, armas, manuscritos ilustrados y otras artesanías en las que sobresale Rajastán; casas y talleres para artesanos tradicionales, una biblioteca, un auditorio de 600 localidades, un pequeño teatro experimental, una cafetería y la administración. En las fachadas exteriores, la presencia de cada planeta aparece inscripta en mármol blanco, con su símbolo respectivo, de manera que recuerda las superficies calibradas de los instrumentos usados en los observatorios erigidos por Jain Singh II.

Hubo cuatro diferentes empresas constructoras que actuaron en forma sucesiva. Esta modalidad de financiación, bastante común en la India, conspira generalmente contra la realización exitosa de un proyecto. Sin embargo, en virtud del diseño basado sobre los nueve cuadrados del Navagraha, esta modalidad no afectó la edificación del Centro.

Correa
señala que ante las inmensas olas migratorias que invaden las ciudades del Tercer Mundo, los arquitectos deben ampliar su perspectiva para conocer no sólo los temas públicos y privados sino también los sacros, que no son tan sólo los religiosos: el dominio de lo sacro es el de lo primordial, lo invisible, lo desconocido, que atrae y seguirá atrayendo a la humanidad.

•Latinoamericanos

En esta edición, el jurado de los Premios Vitruvio estuvo integrado por Federico Aja Espil, Jorge Aslan, Roberto Converti, Fernando Diez, Juan Carlos Fervenza, Emilio Gómez Luengo, Luis Grossman, Rodolfo Miani, Marcelo Minolitti, Augusto Penedo, Carlos Sallaberry y Jorge Turjanski.

El Premio Vitruvio a la trayectoria para un arquitecto latinoamericano fue otorgado a
Ignacio Dahl Rocha, arquitecto argentino que tiene su estudio en Suiza hace ya diez años. Los arquitectos Carlos Berdichevsky y Rubén Cherny fueron distinguidos con el Premio a la trayectoria para un estudio argentino. El Auditorio Templo Soka Gakkai, de Clorindo Testa, obtuvo el Premio a una obra significativa de los últimos cinco años. El Premio para un arquitecto argentino emergente fue otorgado al estudio de Saturnino Armendares, Pablo Ferreiro y Claudio Rey. El Edificio Calle Cramer, de los arquitectos Esteban Caram y Gustavo Robinsohn, fue reconocido con el Premio a la obra más significativa construida por un arquitecto argentino emergente. Con el Premio a un arquitecto por la incorporación de obras de arte integradas a la arquitectura fue distinguido el arquitecto Mario Roberto Alvarez, por el Teatro General San Martín.

El jurado también otorgó in memoriam a
Alberto González, el Premio Contribución a la Comunidad con una obra significativa de arquitectura, por el Puente de Santiago Calatrava en Puerto Madero.

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