U n directivo de una de las compañías disqueras multinacionales mostraba abiertamente su enojo. Otro, al finalizar -y mientras todos se preparaban para «festejar» en The Roxy los premios recibidos- exclamaba sin ocultar su bronca que no hallaba motivos para la celebración. Ese fue el clima que se vivió en el Luna Park, en lo que debió ser una fiesta y que tuvo tantas deficiencias organizativas que el motivo central -publicitar a la industria discográfica a través de la cámara empresaria que la representa- se cumplió sólo a medias.
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El reparto gratuito de entradas para el público, que se hizo solamente a través de algunas radios, determinó que la mayoría -chicas adolescentes en amplia superioridad- únicamente tuviera interés por la presencia y los premios del quinteto Mambrú, con el maltrato y falta de respeto para el resto de los artistas.
El sonido del Luna Park demasiados problemas, al punto que Joaquín Sabina, que llegó especialmente desde España para cantar su tema «Mano a mano», sufrió tantos cortes en su interpretación que el aire -arriba y abajo del escenario- se cortaba con cuchillo; pero ese problema técnico también lo sufrió Soledad, a quien jamás se escuchó en su dúo con el grupo Mimí Maura.
El largo «aguante» -para una ceremonia que se anunció a las 19.30 y empezó pasadas las 21.30- se hizo inexplicablemente con el DJDeró, que aturdió y saturó con su sonido dance, y no fueron pocos los que se cruzaron al bar para no tener que soportarlo, ni a él ni a la alta temperatura. Muchas figuras brillaron por su ausencia: no estuvieron Natalia Oreiro ni Gustavo Cerati ni Horacio Guarany, pero también faltaron Charly García -«Gardel de Oro» por segundo año consecutivo-y otros galardonados -tuvieran o no motivos -como Mercedes Sosa, Luis Salinas, Los Nocheros, Carlos «la Mona» Jiménez, Leo Mattioli y Divididos. Y el premio mayor, que debía ser entregado por Sabina -en una conferencia de prensa de la tarde había adelantado que se lo daría «a mi amigo Charly»-, ausente a esa altura por el enojo que le había causado su fallida actuación, quedó en manos de Pipo Cipolatti y Claudia Puyó que se lo entregaron a nadie.
A esto habría que sumar el «blooper» de tener que repetir esa absurda entrega porque no habían cumplido con la pauta de mencionar a los nominados. En fin. Ni premio serio ni fiesta con glamour. En esa extraña mitad de camino navegó una vez más esta quinta entrega de los Premios Gardel a la producción discográfica argentina. Con un Roberto Pettinato que salió del paso con mucha dignidad y profesionalismo -hizo todo lo posible para no perder jamás el humor-. Con un Charly García que se llevó, en ausencia, 5 de las seis estatuillas en las que estaba nominado. Con un Mambrú que fue el artista más aplaudido y ovacionado, por sus premios -«mejor grupo pop» y «revelación»-, por su actuación o por su sola presencia.
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