9 de septiembre 2008 - 00:00

"Quería maquillarme un poco pero no me dejaron"

Marcela «Tigresa» Acuña, protagonista de «Licencia númerouno», sobre su propia vida: «Me consagré en el LunaPark, hasta parece una película norteamericana».
Marcela «Tigresa» Acuña, protagonista de «Licencia número uno», sobre su propia vida: «Me consagré en el Luna Park, hasta parece una película norteamericana».
"Me gané el respeto y el lugar para decir las cosas como son. Antes sólo podía hacerme respetar y callarme, ahora hablo", subraya la «Tigresa» Marcela Acuña, definiendo el comienzo de un diálogo sobre drogas, machismo, y, por supuesto, películas de boxeo, entre ellas «Licencia número uno», estrenada hace unos días, que la tiene como protagonista.

Periodista: ¿El estreno alteró su entrenamiento cotidiano?

Marcela Acuña: Muy poco. Pronto tengo dos peleas, y además debo seguir con las charlas y debates que damos por diferentes lugares del país, a pedido de escuelas, intendentes, o gobernadores, para incentivar el deporte frente a la drogadicción. Sobre eso, si el consumo está penalizado y aún así la situación es peor, habrá que cambiar algo. No digo que sea un viva la pepa (yo también tengo chicos), sino armar centros de rehabilitación. Algunos hospitales ya tienen algo instalado, podría haber más, cambiando un par de leyes. Les pregunto a las madres, ¿prefieren que sus chicos vayan a la cárcel o a un centro especial? Los traficantes, esos sí deben ir a la cárcel, y con penas más severas. Sobre la despenalización del consumo, creo que nadie puede estar a favor o en contra si no sabe bien de qué se trata.

P.: ¿Las escuelas le piden esas charlas?

M.A.: Y no sabe cuánto. Quizá porque los profesores dicen las mismas cosas que yo, pero a mí los chicos y los padres me escuchan más. Igual hay otros asuntos más complejos que deben informarse a la comunidad.

P.: A propósito, su película es bien informativa.

M.A.: Si, porque hay mucha especulación sobre el boxeo femenino, muchos creen que andamos por la vida a los golpes, pero somos sensibles, somos femeninas también. Queda para el público ver las diferencias y similitudes que tenemos con otras mujeres, en todos lados. Hoy en día solo por desconocimiento, o por machismo, no nos aceptan.

P.: Paradójicamente, usted es hoy la figura más popular del boxeo argentino.

M.A.: La máxima popularidad la tengo yo, no puedo negarlo, porque los periodistas deportivos me conocen, me vienen siguiendo, son los jurados más exigentes que tengo, y ellos mismos dicen que la conseguí, de a poquito, con lucha, humildad, transparencia. Pero nos costó trabajo. En la película cuento esa vez que perdí y nadie nos acompañó, o cuando nos robaron una pelea, y muy pocos nos defendieron, y toda la discusión con las autoridades del boxeo argentino: «¿Por qué las mujeres no podemos boxear?», «Porque son mujeres». Yo soy la primera que logró una licencia profesional argentina. amentablemente acá llegamos a profesionales recién a los 21 años. En EE.UU., creo que desde los 16. La mexicana contra la que peleé, empezó a combatir como amateur a los 12, y a los 19 ya era campeona mundial. Lo raro es que acá nosotras podemos competir desde chiquitas en artes marciales. Yo misma empecé de niña haciendo full contact, y no dirán que es menos fuerte que el boxeo.

P.: La película culmina con su triunfo en el Luna Park.

M.A.: Sí, después de tantas chances perdidas, me consagré justo ahí. Ni que fuera una película norteamericana.

P.: ¿Le gustan las de boxeo? Sin duda les encontrará todos los defectos.

M.A.: Me encanta el cine. Defectos, obviamente los veo, sobre todo en los planos largos, donde se notan los movimientos de piernas, las salidas. Por eso, cuando preparamos a Natalia Oreiro, le pedíamos al director planos cortos. Ella, que es muy exigente consigo misma, le pedía, por favor, repetir las tomas. Y nos costó muchísimo simular los golpes. Aprendí también yo a simular los golpes. Grabamos sin acusar los golpes y acusándolos, es decir, por ejemplo, dando vuelta la cara al recibir un cross.

P.: Usted que los ve de cerca, ¿no se exageran mucho los salpicones de sangre y sudor en las películas?

M.A.: Es que si no el espectador no sabe cómo se sufre. Pero que salte la sangre, si, a veces lo he visto, pero tiene que ser un golpe muy neto. Yo a «Million Dollar Baby» casi no le encontré ningún error, y los planos cortos son impresionantes. Además cuenta la lucha que nos pasó a todas, la progresión técnica que una va teniendo, la situación en los gimnasios. Quienes dicen que esa parte está exagerada, son los mismos que años atrás alzaron la voz protestando contra la presencia de las mujeres. «¡Si ustedes eran así!», les digo. Lo que parece exagerado es cuando le pegan de espaldas contra el banquito, para mí lo pusieron solo para darle una vuelta dramática.

P.: ¿Y «Girlfight-Puños de mujer»?

M.A.: Tiene más errores técnicos. Está buena la historia, pero es absurdo que ella al final compita con el novio en la misma categoría. Nosotras nunca vamos a competir con un hombre en la misma categoría, porque el hombre tiene más masa muscular, y más aguante. Para enfrentarlo, la mujer debe ser más pesada, fíjese lo que le digo.

P.: ¿Qué defectos tiene «Licencia número uno»?

M.A.: Quedaron cosas sin mostrar, pero bien. Matilde Michanié, la directora, se reservó un par de escenas para cuidar un poquito la intimidad, más que nada los problemas que tuve con mi familia están contados muy light, lo nuestro fue más dramático. De todos modos estoy de acuerdo. Salvo que me quería maquillar un poquito y ella no me dejaba. Yo quería salir lo más linda posible y ella «lo más natural posible». Pero la verdad es que acertó.

Entrevista de Paraná Sendrós

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