• «Xenakis-Perséfone». Mús.: I. Xenakis (Persephassa, 1969). Coreog. y puesta en esc.: A. Cervera. Dir. mus.: P. La Porta. Vest.: M. Zuccheri. Esc.: O. Duca. Ilum.: G. Córdoba. Además, «Okho» (1989), de Xenakis, por Paralelo 33° (M. Diez, F. Keoroglanian y P. La Porta). (Centro de Experimentación del T. Colón.)
Para la realización de «Xe-Pnakis-Perséfone», Alejandro Cervera trabajó sobre la música del compositor y matemático griego Iannis Xenakis escrita para un grupo de percusionistas. La sutileza y el refinamiento en su tratamiento de la sonoridad y su compulsión fueron correspondidos por un diseño coreográfico de lenguaje contemporáneo y una puesta teatral que si bien acentúa la violencia y el primitivismo del asunto mitológico, destila una gran belleza plástica.
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Perséfone, raptada, sometida y llevada a las profundidades por Hades es buscada afanosamente por su madre Deméter, quien descuida la bendición de las cosechas, su actividad propia de diosa de la tierra. Sólo la restitución de Perséfone a Deméter, con la intervención de Zeus, restablecerá el ordenamiento cíclico de las estaciones. Perséfone traerá la luz y la fertilidad en la primavera. Su vuelta periódica a las profundidades con su esposo Hades hará que la tierra vuelva al frío y la esterilidad. El mito siempre explica la realidad del hombre y éste parece el indicado para estos tiempos desesperanzados.
Un poco a la manera de las experiencias teatrales de Bob Wilson, Cervera elaboró un espectáculo coreográfico posmoderno, de innegable eficacia escénica, en el que la danza -de gran acrobacia- se desarrolla en un ámbito cubierto con arena y en un espacio aéreo que representa el reino de Hades. Estupendos la escenografía de Omar Duca, el vestuario de Mini Zuccheri y las luces de Gonzalo Córdoba. Ellos acentuaron la sensualidad de los materiales en función de la propuesta. Impecables los intérpretes (Paula Rodríguez, Miguel Angel Elías, Marina Giancaspro, Leonardo Haedo y elenco) tanto como los integrantes del grupo Paralelo 33°, artífices de una performance impactante. Un trío de ellos tocó a modo de obertura otra obra de Xenakis, «Okho», firmada en 1989, que contribuyó a recrear el singular universo sonoro del músico griego.
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