Regresó Sabina y despertó el delirio de sus fans

Espectáculos

El cantautor español Joaquín Sabina regresó anoche a vincularse con un público argentino que lo adora y, en una emotiva comunión tras cuatro años de ausencia, inició ante un colmado teatro Gran Rex la serie local de su gira denominda "Ultramarina".

Sobre un tablado con motivos portuarios, Sabina irrumpió -de bombín y saco marrón, bastón y maleta- a las 21.45 y desató otra fase de un delirio que antes del inicio del show ya se había expresado por medio de cantitos tribuneros de devoción que los muchachos de la parte alta de la sala desparramaron por todo el recinto.

El poco conocido "Amo el amor de los marineros" (que escribió a partir de unos versos del chileno Pablo Neruda) no fue capaz de aplacar la pasión de una muchedumbre dispuesta a subrayar un cariño que en buena parte de la velada conspiró contra la posibilidad de disfrutar del silencio con que los malabaristas de la palabra como Sabina, hacen el milagro de la canción honda y filosa.

"Ahora" (de su estupendo y visitado álbum "19 días y 500 noches") y "Pájaros de Portugal" y "Pie de guerra" (ambos del más reciente y no tan notable "Alivio de luto"), marcaron los primeros pasos de un concierto de colores acústicos sobre el que el artista desplegó una voz tan cascada y encantadora como siempre.

"A mí y a todos nosotros siempre nos han gustado mucho las colas de las argentinas, pero esta vez nos gustaron mucho más las colas que han hecho las argentinas y los argentinos para ver estos shows", dijo en la primera de varias alocuciones cargadas de gratitud.

En esa misma línea, sostuvo que los recitales que brindará en la Argentina (otros siete en Buenos Aires y uno cada noche en Rosario, Córdoba y Mar del Plata) estarán dedicados a los que no consiguieron tickets para esas presentaciones y, enigmático, prometió que "algo haremos por ellos".

A partir de un repertorio seguro y probado que tuvo abundantes puntos en común con los últimos que ofreciera aquí mismo hacia 2002, el creador justificó el tono desenchufado de la propuesta que compartió con Antonio García de Diego (teclados y guitarra), Pancho Varona (bajo y guitarras), Olga Román (coros y percusión) y Pedro Barceló (batería), en la necesidad de "retomar aquel hilo con este barquito condenado a naufragar".

Muchas veces aferrado a su guitarra y siempre dispuesto a mechar textos con ansias poéticas, Joaquín prosiguió comandando la fiesta de recepción a su recuperada figura con "Calle melancolía", el magnífico "Con la frente marchita" y el siempre mutante y atractivo "Nos sobran los motivos".

A esa altura del programa, dejó de procurar imponer su voz al ulular de la multitud que, para resaltar el cariño y la admiración por el músico que estuvo a punto de ya no volver, apeló recurrentemente al grito, las palmas y las declamaciones.

Capaz de transitar los bordes de su estética, luego vinculó las baladas "Siete crisantemos" y "¿Quién me ha robado el mes de abril?" e, inmediatamente, saltó hacia la electricidad de "Conductores suicidas".

Después de un breve descanso en que sus históricos laderos asumieron un par de temas, lo mejor de su inspiración se reunió en "Y sin embargo" y en "Una canción para la Magdalena".

Para devolver en palabras tanto afecto, apuntó que en Madrid lo llaman "el flaco argentino" y enumeró a sus ídolos tangueros: Roberto Goyeneche, Adriana Varela, Enrique Santos Discépolo y Homero Manzi, como prólogo a una personalísima versión de "Mano a mano" con lírica propia.

Al filo de una demagogia que sus seguidores festejaron sin restricciones, resaltó que "Boca saldrá campeón" dentro de la letra de "Dieguitos y Mafaldas", pero sobre los aplausos del final de la interpretación reconoció "hay mucho River aquí.

Mucho gallina" y verbalizó su aprecio por Pablo Aimar, genuino exponente del fútbol riverplatense.

Otra melancólica evocación conjugó fragmentos de "Que se llama Soledad", "Peor para el sol" y "Contigo" y se despidió por un rato con "Resumiendo".

Los esperados bises que estiraron la presentación hasta las puertas de la medianoche, permitieron apreciar "A la orilla de la chimenea" (a cargo de García de Diego), "Peces de ciudad", "19 días y 500 noches" y el enganchado mexicano entre "Noches de boda" y "Y nos dieron las diez".

Sabina reafirmó en su vuelta a Argentina que es un ídolo que aquí roza las alturas alcanzadas por su compatriota Serrat, aunque es de esperar que el aplauso franco y fácil que lo acoge, no le impida seguir cultivando una estética que ha sabido colmar de oscuros matices a la golpeada canción de autor que se genera en hispanoamérica.

En la continuidad de este tour, actuará hoy, el sábado, el domingo y los días 28 y 29 de marzo, y 1 y 2 de abril en el porteño teatro Gran Rex, el 21 de marzo en el estadio Provincial de Rosario, el 23 en el Orfeo de Córdoba, y el 26 en el Polideportivo de Mar del Plata.

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