27 de junio 2001 - 00:00

Relato de terror con edulcorante

Violín.
"Violín".
Anne Rice, «Violín» (Bs. As., Atlántida, 2001, 366 págs.)

Triana tiene una relación muy particular con sus muertos y es capaz de aferrarse durante dos días al cadáver de su esposo sin importarle la descomposición del cuerpo. El dolor de esta pérdida la conecta una vez más con la muerte de sus padres y la de su hija Lily (muerta de cáncer a los 5 años), pero también reaviva sus viejos sentimientos de culpa frente a esos seres queridos a los que no pudo salvar.

Este estado de cosas facilita la aparición de Stefan -torturado fantasma de un violinista ruso, discípulo de Beethoven-, que se alimenta del dolor ajeno, incapaz de purgar sus propias culpas. El entrará en la vida de Triana aprovechando su necrofília y su compartida pasión por la música. Juntos iniciarán un periplo por Venecia, que incluye una entrevista con Nicola Paganini, y por la Viena del siglo XIX, donde se topan nada menos que con Beethoven.

Entre Triana y el fantasma se establece enseguida una relación de amor y odio que pone a prueba la fortaleza moral de la mujer, sometida por su extraño amigo a visiones torturantes que le recuerdan los peores momentos de su vida. Pero la experiencia no habrá sido en vano: saldrá de ella completamente liberada de culpas, reconciliada con sus parientes y en posesión de una promisoria carrera como violinista. Por si esto fuera poco, será la misma Triana quien conduzca a Stefan hacia el camino de la redención.

Dicen las malas lenguas que Anne Rice escribió esta novela para exorcisar los terribles celos que alguna vez le provocó (cuando todavía era una desconocida) la exitosa carrera literaria de su marido, el poeta y pintor Stan Rice. Pero, dejando de lado estas internas, lo concreto es que «Violín» no está a la altura de «Entrevista con un vampiro» (llevada al cine por Neil Jordan con Tom Cruise y Brad Pitt ) ni de otros títulos de esta saga que la afianzaron como cultora de la novela gótica.

Pese a sus detalles macabros (abundan en los primeros capítulos dedicados a la muerte de Karl), esta edulcorada historia de amor entre una millonaria cincuentona (y «rellenita») y un hermosísimo y melancólico fantasma no resulta muy fácil de digerir. Ni las pretenciosas referencias musicales ni las detalladas descripciones de ambientes lujosos, pero decididamente kitchs, logran darle sazón a esta desabrida aventura entre vivos y muertos que parece destinada a exaltar el dudoso gusto de una nueva rica.

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