El objetivo de la Embajada de Italia en nuestro país era realizar un acto para presentar a la comunidad italiana en Argentina a, Mirko Tremaglia, el nuevo ministro para los Italianos en el Mundo. Y aunque seguramente hubo quienes querían conocer al funcionario, la mayoría fue a escuchar el recital de Iva Zanicchi.
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Es que la cantante, una de las figuras centrales de los años dorados de la canción italiana en los '60 y '70, estuvo mucho tiempo sin volver a Buenos Aires.
Hace poco vino a participar de un espectáculo, también con connotaciones políticas, que compartió con otros artistas de su país. Pero en este caso se trataba de un recital gratuito y exclusivamente de ella. El resultado fue una multitud que sobrepasó ampliamente la capacidad del Coliseo. Y mientras unas dos mil personas pudieron seguir el concierto dentro de la sala, otras tantas -o más-se quedaron con las ganas de entrar, y aunque protestaron airadamente, debieron conformarse con seguir el recital desde una pantalla gigante colocada en la puerta del teatro que obligó a cortar la calle Marcelo T. de Alvear.
Pero, en lo artístico, Zanicchi dejó a todos muy felices. Con su voz y su talento intactos, repasó viejos clásicos de la canción de su país, interpretó alguna canzonetta -que dejó especialmente contentos a los italianos de por aquí, fue brillante con su versión de «Zingara», y hasta se atrevió con un par de tangos argentinos, «Caminito» y un fragmento de «Nostalgias» a capella. R.S.
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