4 de abril 2002 - 00:00

Rinaldi atrae pero repite errores

TV

«El ayer, el hoy y el todavía». Actuación de Susana Rinaldi (textos, canto). Con Juan Esteban Cuacci (piano). (Teatro Maipo, lunes y martes a las 21.)

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espués de la gran camada de mujeres cantantes de tango de los años '30, muy pocas han podido encarnar la esencia más profunda de la música rioplatense como Susana Rinaldi. Impecable en lo técnico, es muy inteligente para elegir repertorio, le da muchísima importancia a los textos y respeta fielmente cada melodía. Claro que lo que la ha convertido en una artista superlativa es un talento y un conocimiento de la «mugre» tanguera que están más allá de cualquier otra consideración.

Voz

Rinaldi sigue siendo estupenda cantante, sobre todo cuando encara canciones de la segunda mitad del siglo XX. Temas como «Sin piel», «El corazón al sur», «A un semejante», «El trompo azul», «Tinta roja», «Qué vachaché», «El 45», «El tango» (una belleza de Piazzolla-Borges), «Chiquilín de Bachín» o «Desencuentro» encuentran en su voz y su expresión versiones prácticamente inigualables. Es una pena entonces que insista en mechar entre pieza y pieza largos discursos que tienen más que ver con su carrera política que con su labor de cantante. Con eso, lo único que logra es estropear su espectáculo, cortar los climas y restarle hondura a muchas de las canciones que elige. Los títulos que forman su repertorio no necesitan más presentación que la manera magistral en que ella los interpreta; ni hace falta hablar de los desposeídos ni de las miserias humanas para introducir canciones que se defienden muy bien solas.

En cuanto a su acompañante, Juan Esteban Cuacci es técnicamente un buen pianista, pero muchas veces se olvida de que está tocando tango y se enreda innecesariamente en un nudo de notas y adornos y en un lenguaje híper romántico que se contradice con el estilo de la cantante. Hay que decir, por último, que como una perlita, el espectáculo entrega una versión compartida de «La última curda» por Rinaldi primero y por Goyeneche-Piazzolla después.

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