Después de «Volvoreta», que seguía a un caballo de carrera
por pistas europeas, Alberto Yaccelini acierta ahora con
«Final con foto», cálido y hasta risueño documental sobre
cuadreras.
«Final con foto» (Argentina-Francia, 2004, habl. en español). Guión y dir.: A. Yaccelini. Documental.
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Existe en Francia un canal de cable dedicado a los caballos: Equidia. Existe además en Francia un argentino de buen humor, Alberto Yaccelini, paisano de Villa Guillermina, que fuera calificado montajista en nuestro país, y ahora es documentalista en el otro. Para ese canal, Yaccelini siguió alguna vez la temporada de un pingo de carrera por las pistas europeas. El resultado, que atendía paralelamente las atenciones e ilusiones de un cuidador argentino y su familia, se llamó «Volvoreta», preciosa joyita que entre nosotros apenas llegó a estrenarse en el Centro Cultural Rojas.
Ahora, en el mismo espacio, se estrena su siguiente trabajo: una recorrida por las canchas bonaerenses. Lo que es decir, una cálida, afectuosa, y muchas veces risueña (nunca jamás burlona) pintura de las cuadreras en la provincia de Buenos Aires, con todo lo que ellas implican: los dueños y cuidadores de los caballos, que muchas veces lo pasan mejor que los humanos, la guitarra, la milonga, el mate, las ciudades chicas y los campos extensos, los hombres paliando la falta de trabajo con una quintita en el fondo de las casas, el oficio de fotógrafo de carreras, con un enorme y singular aparato que no por antiguo deja de ser eficaz, llamado photochart, cuyo mecanismo se explica entusiasta y cuidadosamente, el público, las ansiedades, las instalaciones, las carreras propiamente dichas, y el placer de la gloria, que es apenas saber quién paga el asado. El registro es posterior a la devaluación, pero la gente es la de siempre, y termina festejando el triunfo en familia. Así es como Yaccelini recuerda a los suyos, así los reencuentra, y así los muestra.
De complemento, va el episodio 8, «El vagón de la muerte», de la serie apócrifa «Le peril rampant», un simpático pasatiempo que el hombre hizo para ejercitar la mano, parodiando gentilmente y con gran conocimiento los viejos seriales de acción, suspenso, científicos raros y malos muy malos de los años '30. Y ahí ya no se sabe qué más pedir: si el próximo capítulo, sabiendo que no existe, o un nuevo trabajo para Equidia, desoyendo lo que dice el maestro, «que otra vez no hay que jugar». P.S.
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