“Llegué a Nueva York a fines de los 90 como ingeniero de sonido para una empresa que fabricaba CD y que ten{ia cuatro estudios en Broadway y la 48”, cuenta a este diario vía zoom el guitarrista Pablo Martín.
Pablo Martín: "Prefiero vender 500 vinilos que registrar un millón de clicks"
Pablo Martín, bajista y guitarrista argentino afincado en Nueva York, cimenta en estos días su carrera con dos nuevos álbumes, “Pressure”, con The Du-Rites, y el primero solista, “Canciones secretas”.
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Pablo Martín. Llegó a EE.UU. como sonidista y hoy triunfa en música.
“En ese momento la escena neoyorquina era básicamente rap o música latina tipo merengue, que para mí era más tranquilo porque en el rap había más pistolas y biblias, y el sonido más corporativo que artístico, ya que todo se basaba en fórmulas. Pero en 2008 vino la crisis que nadie había previsto, y fue la caída de CD, y me pasaba horas jugando al tetrix sin nada que hacer. Yo había visto que el CD había entrado en decadencia, al punto de que ya no se usaba solo para música. El negocio cambió y yo volví a ser músico, que era lo que hacía en Buenos Aires con bandas como El Corte, con Javier Calamaro y Hernan Reyna, y El Vértice, y gracias a mis amigos Mimí Maura y Sergio Rothman (de los Cadillacs) conocía los Tom Tom Club justo cuando los ex Talking Heads, Chris Franz y Tina Weymouth, estaban sin guitarrista. Yo tocaba el bajo pero me pasé a la guitarra, hice una prueba y les gustó, y en unos pocos días ya estaba grabando y componiendo un disco con ellos y viendo como íbamos hacer giras por Europa y Japón”.
Martín sintetiza así la historia de sus aventuras neoyorquinas que lo llevaron a una carrera como músico y productor en que este año, con una diferencia de pocos meses, lanzó dos discos: uno con su dúo The Du-Rites, “Pressure”, y otro el primero solista, “Canciones secretas”, que compuso y grabó luego de tres meses de pesadilla en los que contrajo covid en medio de lo peor de la pandemia. “Nueva York fue el epicentro de esta película de terror, que aquí era algo así como una de George Romero, con cadáveres y sin zombies. La pasé muy mal varias semanas y sólo pedía que no me internaran, cosa que por suerte fue así. Cuando empecé a mejorar me di cuenta de que muchos de mis valores habían cambiado, y quise hacer este disco mío, que compuse y grabé básicamente para mí. Lo hice con dos amigos, Sergio Rotman y Piccolini, y por suerte trabajamos virtualmente, cosa que venía haciendo hace años y que ahora se convirtió en lo usual”.
Diferencias
Si “Canciones secretas” es un proyecto personal que mezcla sonidos psicodélicos con estructuras que podrían pertenecer al pasado clásico del rock progresivo nacional, otra cosa es el disco de The Du-Rites, el dúo que tiene con el ex rappero J- Zone (seudónimo de Jay Mumford) que con este “Pressure” acaba de perfeccionar su sonido funky instrumental luego de cinco discos con los que fueron dominando el género. “Yo lo conocía a Jay porque hacia el mastering de sus canciones, y cuando dejé de ser ingeniero de grabación para volver a la música, el se canso del rap y empezó a tocar la batería que era donde estaban sus raices. Juntos decidimos hacer algo que faltaba en Nueva York, el funk instrumental, que es un género donde no es fácil hacer algo que suene nuevo, pero le encontramos la vuelta evitando los temas con sonido muy limpio o arreglos demasiado pop. Somos un dúo en estudio, pero cuando tocamos en vivo tenemos una banda de apoyo que también toca con el grupo que tengo con mi pareja, la cantante Dylan Hundley. La conocí en la gira de Tom Tom Club y pronto armamos una banda juntos, Lulu Lewis, con la que hacemos rock neoyorquino. Ahora estoy preparando otro disco de Lulu Lewis, que va a ser más disco music que rock, y otro que estoy terminando, del bajista y director de la banda de Grace Jones”.
Martin asegura que Mimi Maura y Sergio Rotman le insisten para venir a tocar a Buenos Aires con Lulu Lewis o The Du-rites, pero “llegó la pandemia, Ahora ni siquiera podemos armar una gira presentando ‘Pressure’ en los Estados Unidos, porque, aunque da la sensación de que está todo abierto, las giras y los shows se caen. De los cuatro tickets para shows en Nueva York que compré para ir como espectador, incluyendo Devo y Bauhaus, todos terminaron cancelados por diversos motivos. Si bien no es mi área, me da la sensación de que los protocolos y los nuevos requisitos técnicos son demasiado caros y los números no cierran”.
Es interesante la visión que tiene Martin sobre el negocio de la música en la era de las plataformas. “Todos mis discos están disponibles en ellas, y tengo una persona dedicada a chequear la cantidad de clicks en cada plataforma. Pero lo cierto es que a veces llegan 100 mil clicks de un restó neoyorquino y yo no creo que nadie ha escuchado ahí nuestro disco; por eso, prefiero vender 500 vinilos a tener su equivalente digital, que es un millón de clicks. Los clicks no sabés quién los hizo o dónde, en cambio los 500 vinilos implican un objeto más noble, que la persona puede atesorar en su casa, y que puede mirar la gráfica y los textos mientras lo escucha. Hay una gran diferencia”.
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