29 de agosto 2002 - 00:00

San Telmo es fondo de una amable comedia sentimental

Karina Dali y Mariano Martínez
Karina Dali y Mariano Martínez
«No sabe/ No contesta (NS/NC)» (Arg., 2002, habl. en esp.) Dir.: F. Musa; Guión: I. Klajman; Int.: M. Martinez, K. Dali, F. Espinosa, D. Hendler, C. Zambón, E. Liporace, M. Zucker
 
Siguen los pequeños pasos de comedia sobre las alegrías y contrariedades sentimentales de nuestra juventud pequeño-burguesa. Bastante más simpática que la de la semana anterior («Sábado»), y mucho menos favorecida por los círculos snobs (el autor «no es del palo»), aparece ahora una cinta curiosamente llamada «No sabe/ No contesta (NS/NC)».

Curiosamente, porque pese al titulo todos los personajes terminan sabiendo y contestando lo que corresponde. A destiempo y con torpeza, eso sí. Para el caso, se hilvanan tres historias: un joven logrará entablar relación con la chica del kiosko que lo tiene loco, un amigo suyo intentará reconciliarse con su pareja y comenzar una inesperada familia, otros dos amigos, de esos que mejor perderlos, le rompen un piano en improvisada e irresponsable mudanza, y la hermana del protagonista cierra el conjunto, al abrir la tapa del ex piano tras los créditos finales, previo cameo del insigne Marcos Zucker.

Con algo más que un cameo, participa Enrique Liporace, como el padre que afronta un embargo, tras cerrar su empresa por culpa de otros. Irresponsabilidad, o indecisión para concretar responsabilidades, es lo que parece surgir a cada rato, en uno u otro personaje. En este caso, el guión, premiado en el concurso anual de créditos del INCAA, se florea con ciertos recursos narrativos de ida y vuelta. Por ejemplo, explica las razones de un hecho (capítulo «Génesis de una anécdota»), retoma desde otra perspectiva lo que habíamos visto en un capítulo anterior («Joaquín nunca tomará ese helado»), propone texturas de Super-8 en la mirada del protagonista, estudiante de cine de la Universidad, y juega con los desenlaces («Final con epílogo opcional y sin moraleja», etcétera.).

Lo escribió un joven alumno del director Fernando Musa, que, entusiasmado, logró volcarlo a la pantalla. De hecho, hay que aceptarle unos quince minutos de demora en el arranque, algunas partes medio forzadas o de ritmo ingrato, y algunos diálogos que merecían mayor trabajo de enriquecimiento, y que no siempre suenan suficientemente frescos. Pero, sin mayores pretensiones, es un relato simpático, de tono casi adolescente, y casi inocente. El barrio de San Telmo se ve bonito, y los intérpretes tienen suficiente gancho de público.

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