"Scary movie 4"

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«Scary Movie 4» (id., EE.UU., 2006, habl. en ingles). Dir.: D. Zucker. Int.: A. Faris, C. Bierko, R. Hall, L. Nielsen, C. Sheen, B. Pullman, J. Earl Jones, C. Leachman.

Si bien en la anterior secuela el veterano David Zucker aportó sangre nueva a la saga terroríficamente boba de los hermanos Wayans, mejorando las cosas, nadie medianamente sensato podria esperar nada bueno de una cuarta ensalada de gags paródicos de films fantasticos modernos.

Si se parte de este punto tan poco alentador, se podría decir que Zucker y su viejo colega, el guionista Jim Abrahams, hicieron un trabajo razonablemente digno. Fíltrese esta idea a traves de los ojos de un preadolescente y obtendrá algo parecido a un momento inolvidable, digno los mejores elogios. Lamentablemente aquellos que no pertenezcan a ese limitado segmento de público volverán comprensivos al punto de partida: no se puede esperar nada de «Scary movie 4», y si bien el resultado supera este prejuicio, tampoco Zucker va a lograr milagros a esta altura de su vida.

Sin ir mucho más lejos que «La guerra de los mundos», el fenómeno del terror japonés y «La aldea», más algo de esto y aquello, tipo los zombies de Romero o «Saw» -con bastante poca audacia en la elección de clásicos a parodiar- por momentos el guión se agota al estirar las situaciones más baratas del blanco de las burlas. Por ejemplo, las escenas previas a la invasión marciana de Spielberg duran más que las del original, pero luego grandes escenas como la del ferryboat no aparecen, quizá por problemas de presupuesto.

En este sentido hay que reconocer que los diseños de las máquinas alienígenas son buenos, igual que los fantasmas nipones que por momentos casi asustan. Más miedo da ver los chistes escatológicos, y mucho, que debe soportar una actriz como Cloris Leachman. En todo caso, hay gags muy eficaces, como el lenguaje japonés basado en palabras y marcas conocidas que no tiene nada que ver con el subtitulado al inglés (y penosamente,con el nada gracioso subtitulado castellano local, sin nada de gracia), sin obviar las queribles tonterías de Leslie Nielsen o la audacia de que Bill Pullman y James Earl Jones aparezcan en una parodia de films recientes que contaron con su talento.

Sólo que el tipo de humor de Zucker se basa en el «hit and miss» («acierto y error») y en este caso, entre cada bienvenido acierto hay agujeros negros difíciles de llenar inclusive en un film de solo 83 minutos de duración.

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