2 de julio 2002 - 00:00

Scorsese: "Paz no significa ausencia de actos violentos"

Leonardo DiCaprio en Gangs Of New York
Leonardo DiCaprio en "Gangs Of New York"
Madrid - La historia de «Gangs of New York» («Pandillas de Nueva York») es, ante todo, la historia de una larga espera. Su director, Martin Scorsese, asegura que durante muchos años quiso contar esta historia de la Nueva York de 1860, de las calles mugrientas y sus gentes atribuladas, y de las luchas feroces entre sus comunidades de nativos e inmigrantes, antecedente salvaje de la guerra a muerte entre otras pandillas, las que hoy se matan a tiros en una guerra sin cuartel.

El director de «Taxi Driver», «Toro salvaje» y «La edad de la inocencia», a quien legiones de seguidores y críticos (las dos cosas no son incompatibles) colocan una y otra vez el letrero de «cineasta vivo más importante» presentó recientemente un avance de su nuevo trabajo. A través de su retrato de la Nueva York del XIX, Scorsese evoca la época más turbulenta de la historia de EE.UU., una época de secesiones, racismo y violencia indiscriminada.

«Una deuda personal»
, sostiene Scorsese, criado en el sur de Manhattan. Muchos miles de millones, el apoyo incondicional de la productora Miramax y un fastuoso reparto ( Cameron Diaz, Leonardo DiCaprio, Daniel Day Lewis, Liam Neeson, Brendan Gleeson) han tenido la culpa. El rodaje en los estudios de Cinecittà no fue fácil: según los rumores, las relaciones entre el director y DiCaprio fueron una perenne fuente de conflictos.

«Mentira»
, zanja Scorsese en esta entrevista celebrada hace poco en Cannes. «Ha sido la experiencia más gratificante de mi carrera», asegura el actor.

Periodista: No es usted el primer cineasta que trata esta época de la historia de EEUU. ¿Se ha inspirado en otros modelos?


Martin Scorsese:
Bueno, todos conocemos películas clásicas como «El nacimiento de una nación» o «Intolerancia», que constituyen grandes ejercicios de gramática cinematográfica en torno al surgimiento de Estados Unidos; y supongo que, de alguna forma, me he inspirado en ciertos aspectos de ellas, sí.

•Trasfondo

P.: Estamos ante una película de acción, pero con trasfondo histórico y político. ¿Cuál es su vocación exacta?

M.S.: «Gangs of New York»
habla, sobre todo, de la génesis de los Estados Unidos modernos, y en cierto modo, también quiere hablar de aquello en lo que puede convertirse algún día este país, tema que es un verdadero tema de conflicto. Y todo esto, contado desde un clima de extremada violencia... porque sin duda alguna, el siglo XIX fue la época más violenta en la historia de Estados Unidos.

P.: ¿Ha querido ofrecer una imagen determinada de EE.UU.?


M.S.:
No sé... si tuviera que responder con pocas palabras, diría que esta película trata de mostrar que Estados Unidos ha sido históricamente un país abierto a todo el mundo. Lo creo de verdad.

P.: Esa violencia implícita y explícita en «Gangs of New York» ¿lleva dentro un mensaje, una moral?


M.S.:
No, únicamente que, en mi opinión, el concepto de paz no significa sólo la ausencia de actos violentos. La consecución de la paz, normal-mente, tiene que ver con un auténtico cambio en la mentalidad de la gente... esto lo podemos comprobar claramente a través de la Historia y observando la situación actual del mundo, y también es un buen ejemplo de lo que ocurrió el 11 de septiembre. Puede haber momentos de paz, una paz temporal... pero sin cambio de mentalidad y comportamiento radicales y profundos, esa paz no dura mucho, la violencia vuelve siempre.

P.: Violencia de estadounidenses contra aspirantes a serlo... una cuestión de gran actualidad, si echamos un vistazo al problema mundial de la inmigración.


M.S.:
Bueno, sucede que los denominados primeros americanos, los primeros que llegaron procedentes de países anglosajones, se sentían mejor con los afroamericanos que con los propios irlandeses, ¿y por qué? porque ellos eran protestantes, y los irlandeses eran católicos y en cierto modo simbolizaban un poder diferente, el del Vaticano. Los primeros americanos tenían muy clara la separación entre Iglesia y Estado. Está claro que, en aquellos tiempos, como en otros a lo largo de la Historia, el factor religioso complicó mucho las cosas.

•Perfeccionista

P.: El público y la crítica llevan esperando esta película desde hace varios años. Se le ha acusado a usted de tardar demasiado en terminarla...

M.S.:
Con la edad, cada vez me vuelvo más loco en perfeccionar mis películas, en terminarlas como yo creo que tengo que terminarlas. El rodaje acabó hace más de un año, exactamente en mayo de 2001, y yo quise tener la película lista para la Navidad... pero la posproducción se ha alargado muchísimo, tres meses más de lo previsto. Miramax me presionó mucho para estrenarla en Navidad, pero, al fin y al cabo, ésta es una gran película, merecía la pena esperar, creo.

P.: También se ha dicho que fue un rodaje accidentado, y que entre usted y Leonardo Di-Caprio saltaban las chispas.


M.S.:
¡Bah!, palabras y más palabras, muchas de ellas publicadas por un diario sensacionalista italiano. ¡Decir que yo estaba enojado con Leonardo DiCaprio porque él salía por las noches! Es ridículo.

P.: ¿Por qué eligió los estudios de Cinecittà como escenario para el rodaje? ¿No pudo rodar en escenarios naturales?


M.S.:
Es verdad que, normalmente, prefiero rodar en escenarios naturales, pero los decorados que fabricamos en Cinecittà eran prácticamente como escenarios naturales, todo el mundo se quedaba impresionado cuando los veían... y además, la capacidad para controlar todo el proceso es mayor así.

P.: Su fama de director irascible, ¿es fundada o infundada?

M.S.: No lo sé. Es cierto que tuve que detener temporalmente el rodaje por falta de concentración. Al principio yo había pensado en una película de cinco horas, pero luego vi que tendría que dejarla en dos horas y 40 minutos; es verdad que eso me desconcentró bastante, porque no sabía muy bien por dónde avanzar. Tengo que reconocer una cosa, y es que no todo es perfecto en mí cuando hago películas.

P.: ¿Por qué?

M.S.: Fundamentalmente porque tengo tendencia a ponerme bastante nervioso cuando estoy en mitad de un rodaje. No soy precisamente un ángel. Hacer cine no es un asunto fácil, o al menos no lo es para mí. Pero para los que decidan que quieren dedicarse a esto, yo tengo que decir que hoy en día, el acceso a la profesión de cineasta es más fácil que cuando yo empecé, a mediados de los '60. Sólo puedo darles un consejo fundamental: que sean tenaces. Que no se cansen ni se desesperen si durante cinco o seis años fracasan... hay que seguir y seguir.

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