15 de diciembre 2003 - 00:00

Se afianza Art Basel en ferias americanas

Autorretrato de Pablo Picasso
"Autorretrato" de Pablo Picasso
Todos coinciden: América tiene finalmente su gran acontecimiento del arte. Aunque los criterios de legitimación nunca estuvieron tan cuestionados, la feria Art Basel, que por segunda vez abandona su prestigiosa sede suiza para establecerse en Miami, cerró las puertas el 7 de diciembre convertida en el mejor referente internacional del arte contemporáneo. Así lo afirman los coleccionistas, galeristas, operadores culturales y los medios. Lo demuestra la excelencia de un catálogo sin deslices, colmado de obras con « calidad museo».

Los atractivos de Miami, «el dinamismo y belleza» que todos elogian, la diversidad cultural, el mar y las palmeras que se mecen, el clima benigno y la estratégica ubicación geográfica, le brindan a la feria -que además cuenta con el sólido apoyo de una cadena de bancos suizos-, un plus incomparable.

Rosina Gómez Baeza
, directora de ARCO, la feria madrileña que supo monopolizar el coleccionismo de Latinoamérica, recorría Art Basel con un gesto de ostensible preocupación; para aumentar su inquietud, la reconocida galerista Juana de Aizpuru, le dijo: «Esta es la feria del futuro».

En las buenas ferias de arte cuidan cada vez más la calidad de las presentaciones, y cada vez más se asemejan a las bienales: espacios de consagración por excelencia para los artistas donde se puede evaluar qué es lo que pasa y quién es quién en el mundo del arte. Si bien las últimas Documenta de Kassel y la Bienal de Venecia fueron muy cuestionadas y no faltan expertos que auguran la crisis de las megamuestras, Basel acaba de demostrar que la cantidad (175 expositores y 5000 obras de 1000 artistas) no está reñida con la calidad, y que la espectacularidad del montaje y el «ruido» de las actividades alternativas no logran silenciar el arte (claro, cuando como en este caso ostenta un inmejorable nivel).

•Selección

El éxito de Art Basel se debe a una rigurosa selección de programas y expositores, y a que a las expresiones contemporáneas se sumó lo más significativo del arte del siglo XX, con obras de Picasso, Kandinsky, Bacon (con precios que rondaban los 4 millones de dólares), Munch (5 millones) o Malevich (8 millones).

«Quisimos incrementar aun más la calidad y lo conseguimos», dijo Samuel Keller, director de Art Basel. Luego, la feria ofrece una agenda difícil de igualar: las galerías, museos y centros culturales de Miami la acompañaron con exhibiciones especiales a las que se sumaron conciertos (Lenny Kravitz), estrenos cinematográficos, fiestas, un happy hour en la playa con DJs internacionales, conferencias con personajes top y muestras de moda, arquitectura y diseño.

Además, Keller inauguró este año varios programas, el más interesante fue Art Positions, 20 contenedores situados en la playa y diseñados especialmente para exhibir arte joven, y continuó con el tradicional Art Collectors, el recorrido por las colecciones privadas de Carlos y Rosa de la Cruz, Margulies, De la Pezuela y Rubell, entre otras.

La feria aspira a establecer nuevos criterios de exhibición del arte, y para transparentar el mercado este año se lanzó la campaña «punto amarillo», una etiqueta que colocada junto a la obra indicaba que costaba menos de 5000 dólares. Por otra parte, no pasó inadvertido el predominio de la pintura sobre otros lenguajes como las performances, instalaciones, videos o fotografías que dominaron las últimas megaexposiciones.

•Argentina

El 43% de las galerías eran de los EE.UU. y Canadá, otro 43% de Europa, sólo 9% de Latinoamérica, 4% de Asia y una galería de Africa. Brasil, que continúa liderando el arte de nuestra región, presentó ocho galerías -cinco más que el año pasado, todas de San Pablo-, México participó con seis y Costa Rica con una, al igual que la Argentina. Ruth Benzacar continúa liderando el mercado internacional y llevó obras interesantes de Diego Gravinese, Martín Di Girolamo, Ernesto Ballesteros, Daniel García, Graciela Harper, Fabián Marcaccio, Liliana Porter, Miguel Rothschild, Alexandra Sanguinetti, Román Vitali, Andrés Campagnucci, Nicola Constantino, Garcia Reynoso, Jorge Macchi y Pablo Siquier.

«Las ventas
-según informa la galerista Orly Benzacarfueron buenas, aunque los gastos son tan elevados que resulta difícil cubrirlos». Radicada en Miami, la marchand argentina Diana Lowestein se ha distanciado del circuito local, sin embargo presentó a Alejandra Padilla, Eduardo Médici, Sergio Bazán y Silvia Rivas. En algunas galerías internacionales se vieron obras de Esteban Lisa, los uruguayos Figari y Torres García, Pettoruti, Porter, Fontana, Marcaccio y Pombo, quien vendió tres obras durante la inauguración.

Entretanto, el programa Argentina de la Fundación Tantica, una exhibición simultánea a la feria en el Distrito del Diseño, sumó las obras de diez artistas jóvenes, reforzando la presencia local. El crítico
Julio Sánchez curó una muestra con obras de Leandro Erlich, Mariano Sardón, Tomás Sarraceno y Esteban Pastorino, entre otros.

El comentario generalizado entre los argentinos fue que las obras de los jóvenes que se exhibieron en los containers de la playa estaban lejos de alcanzar el nivel de creatividad que ostentan los espacios alternativos porteños. Lo cierto es que
Keller reconoció su asignatura pendiente: volver a Buenos Aires, porque cuando estuvo no recorrió lo suficiente.

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