De izq. a der.
Diego
Reinhold,
Sebastián
Wainraich,
Peto
Menahem y
Martín Rocco
en el
espectáculo
«Cómico
stand up 3».
«Cómico Stand Up 3». Idea, guión y actuación: Sebastián Wainraich, Diego Reinhold, Peto Menahem y Martín Rocco. Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza.
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Luego de tres años de monólogos, los creadores y hacedores de este espectáculo se afianzaron como equipo, mejoraron la unidad del show y volvieron a parodiar los mismos temas de ediciones anteriores: la soledad, la depresión, la angustia, la incomunicación y el género que los convoca, el stand up. Claro que sólo puede divertir la referencia a tales conflictos existenciales cuando su abordaje se genera desde el absurdo y con el dejo de resignación, pesadumbre y tono propios de Woody Allen. Los mejores momentos son entonces aquellos que exhiben la contradicción entre la forma y el contenido. La forma derrocha hartazgo y desgano, mientras el contenido es desopilante y hasta resiste segundas lecturas.
Habida cuenta de la proliferación de shows de stand up en la escena teatral porteña, los cuatro intérpretes y guionistas se propusieron deliberadamente añadir cambios en esta tercera edición. Esta vez, los cuatro interactúan en sketches que resuenan al humor de Benny Hill o «Los tres chiflados», hay momentos musicales y pantalla en escena.
En los solos, brilla Diego Reinhold con sus pasos de comedia que incluyen mimo, zapateo americano, danza y canto. Imperdible la secuencia donde combina su imagen multiplicada en una pantalla con su figura real, aunque ya se haya visto en espectáculos internacionales. Otro excelente momento, también a cargo de Reinhold, es el monólogo confeccionado a partir de los nombres de las calles de Buenos Aires.
El mejor es Peto Menahem, quien arranca carcajadas con su suicida frustrado y angustia existencial aguda, tras haber sido confundido de por vida con su hermano gemelo. Sin duda lo inquietan los enigmas divinos y contradicciones religiosas, pues vuelve a traer esos conflictos, como en monólogos de años anteriores.
Sebastián Wainraich sigue refiriéndose a sus culpas judías, su idishe mame que siempre le advierte que «tenés pollo en el horno» y las prácticas comunes de la gente de la «cole». Duda sobre la cuestión del «ser o no ser» y exhibe en cambio un catálogo de cuestiones posmodernas como los panic attacks o el relajo «cool» de los jóvenes que consumen aceto en lugar de vinagre.
El espectáculo cultiva inevitablemente el estilo propio de «Duro de domar» de Robeto Pettinato, quien a su vez se inspiró en el stand up televisivo norteamericano y buscó siempre ser la versión argentina de David Letterman o el «Saturday Night Live». Sin embargo, acertaron en parodiar al stand up en lugar de tomarlo con solemnidad y aprovecharon para elaborar sátiras de sí mismos antes que buscarse como referentes de un género. Es cierto que algunos chistes -pocos por fortuna- resultan algo elementales y recuerdan inevitablemente al medio que los gestó, la televisión. Pero ganan al diferenciarse de, por caso, «Showmatch» o «No hay 2 sin 3», en la casi nulidad de grosería e ingenioso juego de palabras. Casi una rareza si se tiene que son varios los espectáculos teatrales de esta índole que ante la falta de ideas llenan minutos con cursilería y mal gusto.
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