7 de marzo 2009 - 22:49
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Stanley Kubrick.
El resultado es que poco se sabe de Stanley Kubrick fuera de su faceta como director.
Nacido en el Bronx (Nueva York) el 26 de julio de 1928, de niño se sacaba dinero jugando al ajedrez y destacó rápidamente debido a su elevada inteligencia, que sin embargo no se reflejó en los estudios.
Comenzó trabajando como fotógrafo, labor que le dio relevancia internacional en 1945 por una imagen que mostraba a un entristecido vendedor de periódicos tras la muerte de Franklin Delano Roosevelt, pero pronto se interesó por el cine y comenzó rodando cortos con su propio dinero y realizando él casi todos los trabajos.
Su primer largometraje fue "Fear and Desire" (1953), al que siguió "Killer's Kiss" (1955), dos películas que le sirvieron de aprendizaje y de las que posteriormente renegaría.
Con "The Killing" (1956) se dio a conocer y comenzó a marcar su estilo cinematográfico. Los flashbacks y el uso que hizo del tiempo para narrar la historia de un asalto a un hipódromo supuso toda una innovación.
Pero fue "Paths of Glory" (1957) la que hizo de él, de inmediato, un director de culto.
Este tremendo alegato antibelicista -"Los senderos de gloria no conducen sino a la tumba", es parte del poema de Thomas Gray del que salió el título del filme y de la novela en que se basa-, protagonizado por Kirk Douglas, supuso todo un vuelco en el cine de guerra por su falta de sentimentalismo y por su realismo.
En "Spartacus" (1960) volvió a trabajar con Douglas en una historia de revuelta de esclavos en el Imperio Romano, su primera gran producción y que, aunque obtuvo un gran éxito, no fue lo que Kubrick buscaba, razón que le llevó a mudarse a Londres.
Su primer filme británico fue "Lolita" (1962), una adaptación de la novela de Vladímir Nabokov, que cosechó la misma polémica que la versión escrita, tras la que llegaría la única comedia de su carrera, "Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" (1964), un irónico filme, pionero en reirse de la energía nuclear.
Los siguientes cuatro años Kubrick se los pasó inmerso en el rodaje y posproducción de la que es su película más célebre "2001: A Space Odyssey" (1968), que muchos consideran el mejor filme de ciencia ficción de la historia del cine.
Totalmente adelantada a su tiempo, Kubrick da su visión del futuro de la raza humana, controlada por un ordenador, el HAL9000, para lo que usó novedosos efectos especiales.
Una historia con tintes apocalípticos, a la que siguió otro clásico, "A Clockwork Orange" (1971), que siguió alimentando la fama de polémico de Kubrick por su contenido violento y sexual.
Película que marcó tendencia por su uso de la música -especialmente de Beethoven- y de los sintetizadores, así como por la enorme variedad de lentes y de movimientos tanto lentos como rápidos en su planificación.
"Una película es, o debería ser, más como música que como ficción. Debería ser una progresión de estados de ánimo y de sentimientos", afirmó Kubrick.
Durante el rodaje de este filme, Kubrick llevó su perfeccionismo hasta el límite, principalmente con la interpretación de Malcolm McDowell, que debido a las exigencias del director en algunas escenas sufrió una ceguera temporal al dañarse un ojo y se rompió varias costillas.
Sus siguientes filmes supusieron un giro radical en las temáticas. Una de época con la espectacular "Barry Lyndon" (1975) y una de terror con "The Shinning" (1980), tras la cual abrió un paréntesis de siete años hasta su siguiente incursión antibelicista con "Full Metal Jacket".
Y doce años después Kubrick rodó su último trabajo, "Eyes wide shut" (1999), una película con la que cerró su filmografía y que está lejos del talento de su director.
Un director que persiguió la perfección técnica en cada uno de sus trabajos y para quien era más importante mostrar su visión simbólica y filosófica de la vida y de la historia antes que lograr el éxito y el reconocimiento.




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