4 de noviembre 2003 - 00:00
Se reitera una buena cantante
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Lorena Astudillo tiene ya unos cuantos años de dicados al folklore después de un comienzo público mucho más ecléctico. Y, en este terreno, ha grabado y editado dos álbumes: «Lorena canta al Cuchi» (de 1999) y el muy reciente «Ojos de agua». De buen timbre vocal, con una sólida formación que le permite afinar y colocar perfectamente cada nota, con un meticuloso cuidado por los textos y las melodías que interpreta, Astudillo ha crecido mucho desde sus comienzos. Pero, enamorada de su medio tono, de los temas más tranquilos, de las zambas y las vidalas por sobre las chacareras y las cuecas, a medida que transcurre, su recital empieza a hacerse reiterado, sobre todo en su espíritu y su excesiva prolijidad. La mayoría de sus versiones -en un repertorio que incluyó casi todo el nuevo álbum más varias composiciones del Cuchi Leguizamón-están en un nivel muy alto. Y esa altura se hace aún más evidente en piezas como «Mamá angustia», un profundo y olvidado tema de Damián Sánchez y José Pedroni; «Vidala del lapacho», con un interesante arreglo de cuerdas; «Como agua de acequia» de Dengis y Bibi Albert (con Lilian Saba al piano) o «Corazón» de Saúl Quiroga. El cuestionamiento viene, en todo caso, en la suma de interpretaciones y en el desarrollo de un recital que sólo a la hora del final y de los bises deja algún lugar para el festejo. Como en su nuevo CD, el concierto tuvo una buena cantidad de invitados para tocar arreglos con formaciones instrumentales bien distintas. En ese sentido, merece destacarse la presencia de la violinista Irene Cadario, del guitarrista Sami Mielgo, del percusionista Germán Gómez y, por supuesto, de la excelente pianista Lilian Saba. La presencia del «Luthier» Daniel Rabinovich como cantante y bombista, de mediocre actuación especialmente con su voz, sólo aportó, en cambio, un nombre ilustre a la lista.



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