3 de octubre 2005 - 00:00
Se van 4 valiosas obras que el Malba no puede mantener
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«Agua» (1939), pintura irrecuperable del chileno Matta, de la mejor época y la más buscada,
es una de las 4 obras de las que se desprenderá el Malba.
«Dada la magnitud del impuesto a tributar, 2,5 millones de dólares» (pues el arte paga 10,5 de IVA como cualquier mercadería), «se optó por vender cuatro obras del patrimonio», anunció Costantini. Es decir, en noviembre se van de la Argentina -que ya perdió uno de los más ricos patrimonios del mundo de pintura europea e impresionista-, un Joaquín Torres García constructivista, dos excelentes obras de los brasileños Emiliano Di Cavalcanti y Maria Martins, «Agua» (1939), una pintura irrecuperable del chileno Matta, de la mejor época y la más buscada, cuando el surrealista ejercía su influencia en la Escuela de Nueva York.
Dada la trascendencia de la obra, cabe cuestionar si ese Xul Solar no formaba parte de nuestro patrimonio, y con qué criterio la Secretaría de Cultura aprobó su exportación. Entonces, ¿la salida de las obra de Matta, Torres García, Di Cavalcanti y Martins será igual de fácil? ¿Es que sólo las volutas de los palacios de principios de siglo se consideran bienes patrimoniales, ya que esa bendición implica una reducción impositiva?
Durante la reunión en el Malba, que sostiene la calidad pese al déficit de 1,8 millón de dólares anuales, se tocaron éstos y otros temas. Costanti ni señaló que, «para que la venta (y el monto) sea transparente, las obras se subastarán en Sotheby's de Nueva York». Confirmó además el destino público del Malba, pues él y sus herederos firmaron que en el caso de disolverse la Fundación que preside y lleva su nombre, el Museo pasará a formar parte de los bienes del Estado.
Consultado sobre cuál fue la cifra que tuvo que «donar» obligatoriamente al Gobierno de la Ciudad para poder cometer el pecado de abrir el Malba, contestó: «600.000 dólares». Pacheco no ocultó que las obras que se van son importantes, pero aclaró resignado: «Es un tema muy discutido dentro de Malba y decidido, y en proceso. Todos lo sentimos mucho».
Nadie puede pedir que se deroguen los impuestos a las importaciones de arte, dada la situación económica del país, pero cuando se trata de colecciones públicas, la falta de una política cultural que las resguarde, es alarmante. Sobre todo, porque la Secretaría de Cultura apuesta a convertir la sede del Correo Central en un gran museo, y nadie sabe con qué contenido, mientras prepara las celebraciones del Bicentenario.
Como sostenía Tristán Tzara, el mundo del arte es una réplica en pequeña escala del poder real, el de la política. Y hasta aquí la fiesta. Porque la política fiscal sirve para alentar o desalentar y la ecuación es simple: si la importación de arte tributa y la exportación es libre, a mediano o largo plazo la balanza determinará el vaciamiento de nuestro patrimonio.
Por otro lado, se debe tener en cuenta que este tributo traba proyectos de colecciones públicas como la de Amalia Fortabat, que tiene sus tesoros todavía en Nueva York, entre otros que no trascienden, pero que ya tienen ya su bien ganada fama internacional.
Oxenford cuestionó el escaso espíritu filantrópico argentino con palabras que bien podría haber inspirado Ezequiel Martínez Estrada, cuando radiografiaba nuestra sociedad y atribuía esta carencia a la intención de los « colonizadores, que venían a conseguir dinero(...) a colectar y a partir». Pero nunca como en esta nueva sociedad global, los dichos de Martínez Estrada, («No procuró la grandeza de un país que desconocía y despreciaba, al que jamás había amado y al que miraba con rencor»), habían estado tan vigentes.


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