La cuarta edición del Festival Internacional de Buenos Aires quedó inaugurada el martes con un cóctel en el Teatro San Martín. Estuvieron desde luego Aníbal Ibarra y Jorge Telerman pero esta vez, a diferencia las aperturas anteriores, no hablaron en público (en la inauguración de 2001 no la pasaron muy bien). Tras los brindis, un extenso abanico de actores, dramaturgos jóvenes y consagrados, coreógrafos, bailarines y demás invitados colmó la sala que sólo mostró algunos blancos en las filas reservadas a la prensa. Muchos presumían que todavía existía la posibilidad de que hubiera algún discurso, pero la idea terminó de desvanecerse cuando las luces bajaron y comenzó «D'Avant», el show inaugural.
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A juzgar por el caluroso y sostenido aplauso final, el espectáculo alemán gustó («Magnífico, magnífico» se lo escuchó decir repetidamente al director del Ballet Contemporáneo del San Martín, Mauricio Wainrot, por ejemplo). Aunque definido como una pieza de danza contemporánea, más que baile, el espectáculo dirigido por el vasco residente en Alemania Juan Kruz Díaz, (colaborador del prestigioso Sasha Waltz, es una mezcla de asombrosa destreza física con situaciones que bordean el humor y encierran una crítica social con fuerte contenido de violencia.
En una escena el grupo juega al fútbol con uno de ellos haciendo más que convincentemente de pelota; también hay una caminata en la que todos van cambiando de pancartas y ropas representando una manifestación que pasa en pocos minutos por el pacifismo, el ecologismo, la turba nazi, etc. En suma, una producción de muy buen nivel que, de todos modos, no llegó a la contundencia y hondura de «Körper», el espectáculo que presentó Sasha Waltz en la anterior edición del festival.
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