«La Canterina» ópera de Haydn, con G. Renaud, C. Layseca, G. Centeno, M. Tómas y F. Vilche. Regie: A. Ullúa. «El Empresario» ópera de Mozart con J.-P. Reguerraz, M. Mazzarello, C. Sampedro, K. Power, S. Pascual, R. Montero y F. Vilche. Regie: K. Kostzer. Esc. y Vest.: S. García Ramírez. Orq. dirigida por G. Codina. (12/ 10, Teatro Margarita Xirgu).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Estas dos óperas cómicas que se están representando en el Margarita Xirgu fueron traducidas al castellano, haciendo comprensible su trama y con agregados que aumentaron su gracia natural. En ambas, el tema es el mundo interior de la ópera, y si bien son del Siglo XVIII conservan su vigencia, sobre todo al trasponerla a épocas más recientes.
Por caso «La Canterina», con la cantante influida por su madre, en una trama supuestamente urdida por Carlo Goldoni, sigue siendo eficaz. Con la dirección teatral de Alejandro Ullúa, los personajes farsescos están claramente delineados, aún el trasvestido Gabriel Centeno como madre aprovechadora de las dotes de su hija cantante, papel éste jugado con gracia por Cecilia Layseca. Muy bien Gabriel Renaud y Miko Tómas como galanes que compiten por la diva.
La ópera de Mozart fascina desde el comienzo por el encanto de su música, aunque la interpretación no fue perfecta puesto que algunos músicos de cuerdas esa noche se pelearon con la afinación, en cambio los vientos estuvieron perfectos. Enmarcaban la historia de un empresario teatral arruinado estimulado por su asistente a seguir, un Don Juan que tiene dos mujeres, y ambas son sopranos y rivales.
Con más atmósfera de Hollywood de los '50, hasta se pretende vincularla con la Norma Desmond de Gloria Swanson en «Sunset Boulevard», y tiene una atractiva realización, con varios momentos para reír francamente y logrado efecto teatral.
El actor de carácter Marcelo Mazzarello fue la revelación de la noche, por su espontaneidad, «gags» y plasticidad escénica, contrapuesta a la veteranía de Jean-Pierre Reguerraz.
Excelente las cantantes y el tenor Carlos Sampedro; despierta simpatía la presencia de Rita Montero como dama de compañía y sin texto, y la regie de Kado Kostzer revela padecimientos y mirada irónica en los entretelones del complejo mundillo operístico.
Dejá tu comentario