«El adversario» (L'adversaire, Francia, 2002, habl. en francés). Dir.: N. García. Guión: N. García, J. Fieschi, F. Bélier-García, sobre libro de E. Carrére. Int.: D. Auteuil, G. Pailhas, F. Cluzet y otros.
Después de «Place Vendome» (1997), intriga fallida pero brillantemente protagonizada por Catherine Deneuve, Nicole Garcia co-escribió y dirigió este estremecedor relato sobre una tragedia real que sacudió a Francia en los '90.
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En enero de 1993, en una ciudad de la frontera con Ginebra, Jean-Claude Romand ( Jean-Marc Faure, en el film de Garcia) mató a su esposa, sus dos hijos y sus padres e intentó suicidarse, para no tener que confesar que fingió ser medico durante increíbles 18 años. Todo ese tiempo, el hombre salió a trabajar cada mañana, supuestamente en una repartición de la Organización Mundial de la Salud, mientras estafaba a su suegro rico y su padre jubilado con inversiones inexistentes para sostenerse económicamente.
Esta historia ya había inspirado al director Laurent Cantet la notable «El empleo del tiempo», donde un desocupado engañaba a su familia de forma parecida. Pero, mientras lo de Cantet era una ficción para tratar, fundamentalmente, el conflicto de un hijo con el padre (el mismo tema de su film anterior, «Recursos humanos»), Garcia decidió trasladarla al cine con la mayor fidelidad posible a cómo fue en la realidad.
Sobre la base de una novela de Emmanuel Carrére y cartas del verdadero Romand encarcelado, «El adversario» relata lo que, en opinión de la directora y sus coguionistas, fueron los meses precedentes al día en que el impostor tomó la decisión de exterminar a toda su familia, antes de prender fuego a su casa con él adentro. De hecho la película empieza por el final.
El primer acierto de Nicole Garcia fue haber elegido al formidable Daniel Auteuil para encarnar al protagonista, un individuo con una máscara impenetrable que se quiebra en momentos mínimos. El film, justamente, está hecho de momentos clave, entre los cuales puede verse cómo el destino o el azar intervinieron para que el horror se consumara (dos veces, por lo menos, Faure-Romand estuvo dispuesto a revelar la verdad, sin conseguirlo por razones bien diferentes).
Aunque la intimidad que se muestra -en especial, las innumerables horas que este hombre pasó en su auto o en habitaciones de hotel todos esos años-es evidentemente ficcional, en lo que se refiere a los hechos mismos, el guión no parece agregar nada. Nunca se sabrá, por ejemplo, cómo y por qué nació la primera mentira casi adolescente sobre la que se construyeron todas las demás. Al respecto, cabe advertir que la violenta tensión que transmite Auteuil tratando de sostenerlas tienen el mismo efecto que una película de terror en el espectador presa de una incómoda identificación. Tan es así que lo que hace su personaje en el paroxismo de la locura (los asesinatos, tratados con bienvenida delicadeza) obran como una catarsis, que si no fuera tan espantosa, resultaría aliviadora.
Es curioso que buena parte de la crítica francesa haya reprochado a esta película (la mejor de la Nicole Garcia realizadora hasta el momento) no haber profundizado en la psicología del personaje principal, cuando ése es otro de sus méritos. Quien quiera teorizar, encontrará pistas en el depresivo padre de Faure o la ¿ingenua? falta de curiosidad de su esposa. Hay muchas más, por supuesto. Igual, no justifican ni explican nada.
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