Actuación de Soledad y Horacio Guarany. Con J. López, J. Calcaterra, A. Arauco, E. Temerario, M. Tierno, R. García (guitarras), S. López (percusión, batería), E. Spinassi (teclado), P. Santos (bajo, dirección), P. Acuña (percusión), Invitada: Natalia. (Luna Park, 25/10).
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Según cuenta ella, Soledad admira a Horacio Guarany desde su infancia, cuando en su Arequito natal escuchaba con devoción las transmisiones radiales de los festivales folklóricos veraniegos, muy especialmente en aquellos momentos en que aparecía «El Potro». Más tarde, la cantante llevó esa admiración a su trabajo: su estilo expansivo, su pasión por un folklore festivalero en el que todo sucede casi exclusivamente en el matiz «forte», se ha convertido en una marca registrada en la joven que se hizo famosa revoleando el poncho; todas características que, por otra parte, han hecho de Guarany un artista enormemente popular.
Por todo esto, resulta natural que Soledad quisiera homenajearlo con un recital que ella misma armó, resignando su repertorio habitual para dedicar casi todo el concierto a los temas de Guarany.
Si el veterano folklorista es un autor-compositor valioso, sus virtudes como cantante no son tantas, aunque hay que reconocerle una capacidad inigualable para entusiasmar a las masas y enardecer a las plateas numerosas. Pero siempre flaqueó en la afinación, y el problema se ha agravado con el paso del tiempo.
Frente a eso, Soledad lo respaldó, cedió su protagonismo -que en la actualidad es mayor que el del homenajeado-, y eligió lo mejor de su obra compositiva.
El recital, entonces, pasó por títulos como «Amar amando», «Si se calla el cantor», «Caballo que no galopa», «Por las costas entrerrianas», «La villerita». Casi todo fue a dúo, aunque Soledad soportara el mayor peso del canto. Guarany tuvo su momento solista, como también lo tuvieron Soledad y su hermana Natalia-muy bien en «Puerto de Santa Cruz» y «Jacinto Piedra». Y el homenajeado sólo cedió al repertorio de la anfitriona cuando se sumó a las hermanas Pastorutti para cantar «A Don Ata», y hasta fue él quien revoleó el poncho. Todo, por supuesto, dentro del estilo previsible: rápido y fuerte, acelerado y sin tiempo para respirar, con guitarras golpeadas en el rasguido y bombos estilo marcha política.
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