4 de agosto 2005 - 00:00

Tan fiel al comic que casi no parece cine

Bruce Willis en una escena de «La ciudad del pecado», impecable ejercicio de estilode Robert Rodríguez sobre un comic, lástima que eso implica personajes casi tan estáticoscomo un dibujo en papel.
Bruce Willis en una escena de «La ciudad del pecado», impecable ejercicio de estilo de Robert Rodríguez sobre un comic, lástima que eso implica personajes casi tan estáticos como un dibujo en papel.
«La ciudad del pecado» (Frank Miller's Sin city», EE.UU. 2005, habl. en inglés) Dir.: R. Rodríguez, F. Miller y Q. Tarantino (dir. invitado). Int.: B. Willis, M. Rourke, C. Owen, J. Alba, B. del Toro, R. Dawson, J. King, B. Murphy, M. Madsen, N. Stahl, E. Wood, M. Clarke Duncan.

Robert Rodríguez ya merecía un lugar especial en la historia del cine cuando apareció con «El Mariachi» y demostró que con siete mil dólares se podía recaudar dos millones. Desde entonces, Rodríguez viene haciendo todo tipo de cosas redituables y divertidas, incluyendo los vampiros chicanos de «Del Crepúsculo al Amanecer», los autoritarios profesores aliens de «The Faculty» y el mejor film en 3 D de todos los tiempos (la tercera «Spy Kids», todo un hito dentro del cine tridimiensional tanto en lo técnico como en lo creativo).

Pero, con «La ciudad del pecado», Rodríguez pateó el tablero, logrando el sueño de todo cineasta indie o clase B: disponer de una fortuna (50 millones) para hacer un film de bajo costo con casi todas las características de un film de arte.

Fuera de broma, el ejercicio de estilo desarrollado por Rodríguez con este film no tiene antecedentes. Su idea de seguir las novelas gráficas casi encuadre por encuadre merece destacarse como un experimento nunca visto. Lamentablemente esto implica, en la práctica, personajes casi tan estáticos como un dibujo en papel, interminables voces en off y un sentido general de la puesta en escena que, si bien se mueve un poco más que un dibujo en papel, no lo suficiente como lo que se puede esperar de una imagen en movimiento.

Las historias con Bruce Willis (un policia casi retirado en una última misión kamikaze) y con Mickey Rourke (deforme vengador de una prostituta asesinada) tienen la intensidad necesaria para que el experimento luzca realmente bien. Pero en el medio no todo es igual de intenso y por momentos la idea hace agua, lo que no implica que este film no deba ser recordado como un hito en el arte de animar historietas con un elenco de figuras de culto.

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